Editorial

Gobierno sin identidad

La actual crisis que azota las puertas del Palacio de Gobierno no es un problema coyuntural, sino un fallo multiorgánico de raíz estructural. Tras los recientes anuncios de cambios de ministros...

Editorial | | 2026-05-24 08:01:36

La actual crisis que azota las puertas del Palacio de Gobierno no es un problema coyuntural, sino un fallo multiorgánico de raíz estructural. Tras los recientes anuncios de cambios de ministros en medio de bloqueos, desabastecimiento y protestas sociales, el gobierno de Rodrigo Paz parece haber optado por el camino más peligroso: el remiendo. Lo que hoy presenciamos en Bolivia no es una reconducción estratégica, sino el nacimiento de un "Gobierno Frankenstein", un artefacto político construido con retazos ideológicos y cuotas corporativas que, lejos de enmendar el rumbo, amenaza con devorar la propia gobernabilidad.

El pecado original de esta administración radica en su vacío de identidad política. Rodrigo Paz llegó al poder en una Bolivia polarizada capitalizando el descontento y presentándose como una alternativa técnica y de centro. Sin embargo, en nuestra compleja realidad nacional, la gestión pura es una ilusión. En Bolivia no se gobierna solo con decretos y estadísticas; se gobierna con la construcción de sujetos históricos y con una sólida base social y territorial. Al carecer de una identidad nítida y de un sector orgánico que lo defienda en las calles, el presidente se encuentra en la más absoluta soledad política.

En este escenario de acorralamiento, el cambio parcial de gabinete funciona como una aspirina para tratar un cáncer. Intentar calmar a los sectores movilizados —transportistas, mineros o sindicatos— entregando ministerios a pedazos es una estrategia suicida. ¿Qué rumbo puede tener un Ejecutivo donde conviven tecnócratas de corte liberal, dirigentes corporativos y leales del partido Primero la Gente? El resultado no será un equipo de gobierno cohesionado, sino una mesa de negociación permanente dentro de la propia Casa Grande del Pueblo, una Torre de Babel donde cada medida económica trascendental será objeto de disputa interna.

Un gabinete Frankenstein debilita la autoridad de origen. Las nuevas autoridades asumen sus cargos percibidas como "fusibles" intercambiables que caen ante la presión de las carreteras. Si los movimientos sociales descubren que pueden doblarle el brazo al mandatario mudando los rostros del poder, la parálisis legislativa y la sumisión ante la calle serán la norma. El presidente se convierte así en un mero administrador del conflicto diario, incapaz de aplicar reformas estructurales o de imponer el principio de autoridad del Estado.

El tiempo se agota para Rodrigo Paz. Bolivia procesa sus crisis económicas a través de profundas pasiones ideológicas e identitarias. Sin un relato claro que responda a quién representa y hacia dónde va el país, el nuevo gabinete no será más que un monstruo incontrolable que dará un paso adelante y dos atrás. Administrar el día a día no es gobernar. De seguir por este camino de enmiendas sin alma, la criatura política terminará por aislar por completo a un presidente que creyó que el pragmatismo bastaba para esquivar las tormentas de la historia boliviana.

Bolivia procesa sus crisis económicas a través de profundas pasiones ideológicas e identitarias. Sin un relato claro que responda a quién representa y hacia dónde va el país, el nuevo gabinete no será más que un monstruo incontrolable que dará un paso adelante y dos atrás.