En capítulos anteriores analizamos las fuentes de financiamiento internacional disponibles para el BCB, el Estado y el sector privado. Estos recursos permitirían impulsar la capacidad productiva del país mediante una Política Económica de Oferta (PEO), orientada prioritariamente a los sectores PETII: Productivos, Exportadores, Turísticos, de Infraestructura y de Inversión. Sin descuidar el comercio y las importaciones, que también son importantes, aunque sujetas a la libre competencia en beneficio del consumidor.
Los sectores productivos comprenden todas aquellas actividades económicas que combinan capital, tecnología, mano de obra e insumos para generar bienes y servicios. Entre las principales se encuentran la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca; minería e hidrocarburos; industrias manufactureras; construcción; transporte; turismo y actividades financieras. Son actividades esenciales por su efecto multiplicador sobre la economía, el empleo y la generación de divisas.
Agricultura: un potencial subutilizado
Según el INE, en 2024 Bolivia cultivó 4,5 millones de hectáreas y produjo 23 millones de toneladas de alimentos. Sin embargo, apenas se utiliza el 4% del territorio nacional para agricultura y alrededor del 12% para ganadería. Paraguay, por ejemplo, dedica cerca del 17% de su superficie a la agricultura y el 38% a la ganadería.
En 2025, el sector agropecuario creció un 6,6%, impulsado principalmente por la soya, el sorgo y la caña de azúcar, acelerándose al 12,2% en el último semestre. Aun así, el crecimiento sigue siendo insuficiente frente al enorme potencial disponible. Con semillas genéticamente mejoradas y resistentes a sequías y plagas, la expansión agrícola podría ser exponencial, reservando áreas específicas para la producción orgánica.
Minería: riqueza aún desconocida
Bolivia posee enormes reservas minerales: zinc, plata, estaño, plomo, hierro, litio, oro y tierras raras, entre otros. El valor de producción minera alcanzó cerca de 8.000 millones de dólares en 2025, favorecido por mejores precios internacionales.
Sin embargo, gran parte del potencial sigue sin explorarse. Las tierras raras requieren inversiones multimillonarias y tecnología avanzada para confirmar reservas explotables. Existen yacimientos de gran importancia en Santa Cruz, Cochabamba y Potosí, con presencia de níquel, cobalto, titanio, uranio, indio, galio, germanio, niobio y tantalio.
El problema es claro: Bolivia no atrae inversiones de gran escala por la falta de seguridad jurídica, estabilidad y condiciones competitivas. En muchos casos, ni siquiera sabemos con precisión la magnitud de nuestras reservas.
Industria manufacturera y construcción
La industria manufacturera apenas creció 0,74% en 2025. Este sector, encargado de transformar materias primas en productos con valor agregado, debería operar al máximo de su capacidad tanto para el mercado interno como para la exportación.
La construcción, por su parte, sufrió un desplome histórico de 13,5% del PIB en 2025. Se trata de un sector fundamental por su capacidad de generar empleo y dinamizar otras actividades económicas, tanto mediante viviendas como infraestructura pública y privada.
Exportaciones y generación de divisas
Los sectores exportadores tienen una doble función: abastecer el mercado interno y generar divisas mediante ventas al exterior. En 2025 Bolivia exportó 9.662 millones de dólares. La industria manufacturera representó el 45,4% del total; la minería, el 38,3%; los hidrocarburos, el 11,2%; y la agricultura apenas el 5%.
Esto demuestra que Bolivia todavía carece de la capacidad exportadora de otros países de la región, como Paraguay. Sin embargo, el potencial existe. Con un tipo de cambio competitivo, incentivos tributarios, mejor infraestructura vial, ferroviaria, portuaria y aeroportuaria, además de políticas de estímulo a los sectores PETII, las exportaciones podrían crecer de forma acelerada.
La agricultura podría expandirse rápidamente; el sector hidrocarburífero podría recuperarse con una nueva legislación; la minería requiere atraer capital y tecnología; y la industria manufacturera podría convertirse en una fuente sólida de valor agregado y divisas.
Todo esto exige estabilidad económica, seguridad jurídica, instituciones confiables y orden social. Solo así Bolivia podrá construir un entorno verdaderamente favorable para la inversión y el desarrollo.
*Babson ’82, ex catedrático universitario