Editorial

No es con fuerza bruta

En la Plaza 24 de Septiembre ocurrió algo que, visto superficialmente, parece un incidente de violencia callejera. Un hombre que convocaba a bloquear Santa Cruz...

Editorial | | 2026-05-14 07:53:29

En la Plaza 24 de Septiembre ocurrió algo que, visto superficialmente, parece un incidente de violencia callejera. Un hombre que convocaba a bloquear Santa Cruz fue agredido por transeúntes indignados. La condena al agresor fue inmediata y unánime. Pero en el ruido de esa condena, nadie hizo la pregunta incómoda: ¿qué clase de inmoralidad representa alguien que sale a la plaza principal de una ciudad próspera a pedir que se la paralice, que se la arrastre al mismo pantano que hoy ahoga al resto del país?

Dicho esto, y dicho con claridad: golpear a ese hombre fue un error. No porque él tenga razón, sino porque Santa Cruz no puede —ni debe— ganar con los métodos de sus adversarios. Esa es, precisamente, la trampa.

Durante veinte años, el autoritarismo del MAS intentó doblegar a Santa Cruz con fuerza bruta. Bloqueos, amenazas, intervenciones, discursos incendiarios desde el altiplano. El resultado fue paradójico: cada golpe fortaleció a la región. Cada intento de asfixiarla la obligó a volverse más productiva, más resiliente, más creativa. Santa Cruz creció no a pesar de su debilidad política, sino gracias a ella. Al no tener la fuerza bruta —los movimientos sociales captados por el centralismo, los aparatos militares y sindicales del poder paceño— tuvo que desarrollar otro tipo de fuerza: la productiva, la intelectual, la comercial.

Hay una lección histórica en esto. El guerrero más grande que ha producido la civilización occidental no fue el más fuerte, sino el más inteligente. Odiseo no tomó Troya con músculos; la tomó con un caballo de madera y una idea. Troya tenía murallas inexpugnables, guerreros invencibles, siglos de orgullo militar. Y cayó ante la astucia. Santa Cruz lleva décadas haciendo lo mismo: ganando sin ejército, sin bloqueos, sin dinamitar carreteras. Ganando con trabajo.

Hoy, mientras parte del país se paraliza en nombre de una causa que en el fondo solo busca recuperar el acceso al poder, a la corrupción y al saqueo institucional que el MAS perdió en las urnas, Santa Cruz sigue produciendo. Y eso desespera. Desespera que dos o tres días de bloqueo en otras regiones vacíen los mercados, mientras que la región señalada como "oligárquica" y "separatista" es la que alimenta al país. Esa es la verdad que los bloqueos revelan: la fuerza bruta destruye; la fuerza productiva sostiene.

Por eso, el mayor error que podría cometer Santa Cruz es responder con sus mismas armas. Caer en la violencia callejera, en la lógica del más fuerte, sería abandonar la única ventaja real que tiene: la superioridad moral y productiva de una región que construye en lugar de destruir.

Santa Cruz no debe caer en la trampa de la fuerza bruta. Ese no es su camino. Su fortaleza está en seguir trabajando mientras otros destruyen, en seguir produciendo mientras otros bloquean y en seguir creciendo mientras otros retroceden. Porque al final, los países no se levantan con dinamita ni con amenazas. Se levantan con inteligencia, trabajo y libertad.

El mayor error que podría cometer Santa Cruz es responder con sus mismas armas. Caer en la violencia callejera, en la lógica del más fuerte, sería abandonar la única ventaja real que tiene: la superioridad moral y productiva de una región que construye en lugar de destruir.