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Achocalla y Carreras están aisladas: escasean alimentos y medicinas; un pollo se vende hasta en Bs 150

Varias familias permanecen aisladas por los bloqueos instalados en los accesos a La Paz. Adultos mayores, niños y trabajadores se enfrentan largas caminatas, sobreprecios y falta de atención médica, mientras crece la tensión en las rutas.

Promontorios de tierra en el ingreso a Achocalla
País | Brújula | 2026-05-12 18:04:00

Hace más de 10 días los vecinos de Achocalla y Carreras, al sur de la sede de gobierno, viven prácticamente encerrados por los bloqueos, sin transporte regular, con escasez de alimentos y con la angustia de no saber cómo conseguir medicamentos o si podrán llegar a sus trabajos.

En Carreras, el bloqueo comenzó el lunes 4 de mayo y desde entonces se extiende a lo largo de dos kilómetros, desde la tranca de Lipari hasta el ingreso a Jupapina. En contacto con Brújula Digital, vecinos describen una escena de cansancio e incertidumbre, porque todos deben pasar entre piedras y promontorios de tierra sin que ningún vehículo pueda cruzar. “Es un trecho bastante largo y perjudicial, especialmente para las personas mayores”, relata uno afectados.

Los vecinos denuncian que algunos bloqueadores consumen bebidas alcohólicas y que al amanecer las agresiones son frecuentes contra quienes intentan atravesar el punto de conflicto para ir a sus trabajos. “Los comunarios nos insultan y agreden cuando intentamos pasar”, cuenta otra vecina.

La situación también golpea directamente al bolsillo. El transporte improvisado cobra tarifas que antes parecían impensables. Un trayecto corto puede costar hasta 15 bolivianos, mientras que trasladarse desde la zona de San Pedro hasta Valencia o Río Abajo llega a costar entre Bs 30 y Bs 40 por persona. A eso se suma la falta de alimentos: los mercados comenzaron a vaciarse y algunos productos básicos desaparecieron por completo. “No hay pollo y si aparece alguno, lo venden hasta en 150 bolivianos”, lamenta la vecina. El arroz también comenzó a escasear y los habitantes denuncian especulación en los precios.

La desesperación obligó a muchas familias a abandonar temporalmente sus casas. Algunos prefirieron alquilar alojamientos en la ciudad de La Paz antes que seguir atrapados entre bloqueos y gastos diarios imposibles de sostener. “Hay personas que se fueron, aunque no tengan dónde quedarse; optaron por pagar un hostal porque les sale más barato que seguir gastando en pasajes y alimentos”, explica otro habitante de la zona.

En Achocalla, la situación es muy similar. Los bloqueos comenzaron el domingo 3 de mayo en la madrugada, a pocos metros de la UPB. Desde entonces, la tierra arrojada por volquetas y los cortes instalados en la salida hacia El Alto dejaron completamente aislados a cientos de vecinos. “Estamos encerrados. Es imposible salir”, resume una vecina con impotencia.

Para muchos, la única alternativa es caminar hasta los puntos de bloqueo y realizar trasbordos improvisados en minibuses o cualquier vehículo que logre avanzar algunos metros. Pero no todos pueden hacerlo. Hay trabajadores que dejaron de asistir a sus fuentes laborales, niños que no están llegando a clases y personas enfermas que no encuentran medicamentos ni atención cercana. “No hay tiendas, no hay farmacias, no hay nada cerca”, relata una madre de familia.

Mientras el resto de la ciudad continúa funcionando con relativa normalidad, en Achocalla la sensación es distinta: aislamiento, abandono y cansancio. “Nosotros estamos encerrados sin poder hacer nada. No hay socorro ni atención del gobierno”, reclama otra vecina.

La crisis ocurre en medio de una escalada de movilizaciones impulsadas por distintos sectores sociales y sindicales que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Dirigentes indígenas y de la COB ratificaron que las movilizaciones continuarán.