
Rusia realizó una prueba exitosa del misil balístico intercontinental Sarmat, considerado el arma nuclear más poderosa de su arsenal estratégico, en un contexto marcado por el vencimiento del tratado New START, el último acuerdo de control de armas nucleares vigente entre Moscú y Washington. El presidente ruso, Vladimir Putin, confirmó que el sistema entrará en servicio de combate antes de finalizar el año.
El ensayo fue presentado por el Kremlin como un paso clave dentro de la modernización de las fuerzas nucleares rusas. Putin afirmó que el Sarmat supera ampliamente a cualquier sistema occidental y aseguró que su capacidad destructiva multiplica por cuatro la potencia de armas equivalentes desarrolladas por Estados Unidos y la OTAN.
El misil, identificado por la OTAN como “Satán II”, es el primer sistema balístico intercontinental “superpesado” desarrollado por Rusia después de la caída de la Unión Soviética. Fue diseñado para reemplazar a los antiguos misiles Voyevoda, heredados de la era soviética y considerados durante décadas uno de los pilares del poder nuclear ruso.
Según el Kremlin, el Sarmat posee capacidad de vuelo suborbital y un alcance superior a los 35.000 kilómetros, características que le permitirían evadir sistemas avanzados de defensa antimisiles. Moscú sostiene que el arma puede transportar múltiples ojivas nucleares independientes capaces de atacar diferentes objetivos simultáneamente.
La prueba se produjo pocos meses después de la expiración del tratado New START, acuerdo firmado en 2010 entre Rusia y Estados Unidos para limitar la cantidad de armas nucleares estratégicas desplegadas. Con su finalización en febrero de este año, ambas potencias quedaron sin restricciones formales sobre sus arsenales por primera vez en más de cinco décadas.
El gobierno ruso informó que notificó previamente a Estados Unidos sobre el lanzamiento del misil, siguiendo protocolos de seguridad heredados de acuerdos anteriores. Sin embargo, hasta el momento no existen señales concretas de una renovación del tratado ni de nuevas negociaciones que establezcan límites al armamento nuclear.
El investigador Pavel Podvig, experto del Instituto de las Naciones Unidas para la Investigación sobre el Desarme, consideró viable el despliegue operativo del Sarmat durante este año, aunque relativizó su impacto estratégico. Según el analista, el nuevo misil no modificará de manera decisiva el equilibrio nuclear global.
La prueba ocurre además en medio de un deterioro creciente de las relaciones entre Rusia y Occidente desde el inicio de la guerra en Ucrania. En paralelo, Moscú y Washington reanudaron contactos militares de alto nivel para evitar incidentes o escaladas accidentales entre ambas potencias nucleares.
El presidente estadounidense Donald Trump ha impulsado la idea de negociar un nuevo tratado nuclear que incluya también a China. No obstante, Beijing rechazó públicamente esa posibilidad y sostiene que su arsenal sigue siendo considerablemente menor al de Rusia y Estados Unidos.
Desde su llegada al poder en el año 2000, Putin impulsó una profunda modernización de la tríada nuclear rusa, que incluye misiles terrestres, submarinos atómicos y bombarderos estratégicos. Ese proceso llevó también a Estados Unidos a acelerar la renovación de su propio arsenal nuclear.
Entre las nuevas armas desarrolladas por Rusia se encuentra el vehículo hipersónico Avangard, capaz de desplazarse a velocidades superiores a 27 veces la del sonido, así como el misil de alcance intermedio Oreshnik, utilizado recientemente en ataques convencionales contra objetivos en Ucrania.
Putin también confirmó avances en el desarrollo del dron submarino nuclear Poseidón y del misil de crucero Burevestnik, ambos diseñados para evadir sistemas de defensa occidentales. El Poseidón podría generar tsunamis radiactivos cerca de costas enemigas, mientras que el Burevestnik posee un alcance prácticamente ilimitado gracias a su propulsión nuclear.