Dios te bendiga

Justicia y Sicariato

Justicia y Sicariato
Mons. Roberto Flock | Columnista
| 2026-05-08 08:08:19

“En cada una de las ciudades que el Señor, tu Dios, te dé para tus tribus, pondrás jueces y escribas que dicten sentencias justas en favor del pueblo.

No tergiversarás el derecho; no harás acepción de personas ni te dejarás sobornar.

Porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos.”

(Deuteronomio 16,18-19)

A fines de 2023, la doble vida de un cura en San Matías colapsó cuando perdió su celular en un taxi en Santa Cruz de la Sierra. Quien lo encontró intentó extorsionarlo por las imágenes que contenía de su propia actividad sexual asquerosa. Esto, a su vez, proveyó una oportunidad a la Fiscalía —y, por detrás, a otros enemigos de la Iglesia— de interrogarme durante seis horas, al final de las cuales “secuestraron” mi celular nuevito y de alta calidad que, hasta ahora, a pesar de múltiples memoriales legales, no he logrado recuperar. Para mí, los encargados de la justicia, en este caso —es decir, la combinación de Policía, Fiscalía y jueces— no son más que crimen organizado. No hicieron nada para encontrar e investigar al extorsionador.

No cuesta mucho llegar a la hipótesis del comandante departamental de la Policía de que el móvil del crimen tendría relación con una resolución emitida por la autoridad judicial en temas agrarios. Aunque no sabemos si la justicia ha actuado, quienes vivimos en la Chiquitania pensamos en Las Londras.

San Matías, a la vez, es un pueblo que sufre una permanente violencia por los ajustes de cuentas debido a su ubicación fronteriza con Brasil. Según los pobladores, ha habido unos 200 asesinatos en los últimos 10 años, ninguno esclarecido. Al intentar recuperar mi celular, así como también los equipos de la parroquia llevados por la Policía y la Fiscalía, nos encontramos, mis abogados y yo, con el cambio permanente de estas autoridades y sus vacaciones, justamente cuando hacemos el penoso viaje a este pueblo remoto. Uno de los fiscales, cuando exigía que me devolviera mi celular, me amenazó con ampliar su investigación para incomodar mi vida. Una experiencia similar tuvimos como diócesis por la malintencionada investigación que sufrimos junto con nuestro obispo emérito por “supuesta legitimación de ganancias ilícitas”. Por si acaso, no pudieron encontrar indicio alguno de delito de nuestra parte en este caso de persecución religiosa.

Ahora, con el asesinato de un magistrado agroambiental y las movilizaciones contra el sicariato y el crimen organizado, la pregunta que naturalmente viene a la mente es: ¿hasta qué punto hay compenetración entre el crimen organizado y la justicia boliviana?

Si un policía de bajo rango tiene que pasar una parte de sus coimas a un superior, y este al suyo, y así sucesivamente hasta el comando general, ¿acaso no es toda esta estructura de corrupción una forma de crimen organizado? Quizás el policía piensa que esto es parte de su miserable sueldo. Pero para quien lo paga, habiendo o no cometido una infracción, es motivo para despreciar a quien debe estar a su servicio protegiéndolo, y no extorsionándolo.

Y si, para agilizar cualquier trámite en nuestra exagerada burocracia, hay que demostrar cariño económico, ¿acaso esta corrupción no es crimen organizado?

Y si el fallo de un juez a su favor, aunque legalmente, tiene un costo extra, ¿acaso esto no es crimen organizado? El simple hecho de tener que defenderse de calumnias, sin conocer la identidad del denunciante, obligando al inocente a gastar en su defensa, es crimen organizado, porque convierte a la justicia en un sistema de “ganancias ilícitas”. En la misma línea, la prisión preventiva en Bolivia es crimen organizado, porque obliga al encarcelado a afrontar un sinfín de gastos para sobrevivir en la cárcel y para recuperar su libertad. ¿Acaso, cuando la justicia “de oficio” se equivoca, compensa a sus víctimas en Bolivia?

El reciente caso de los pilotos militares que se accidentaron en El Alto es un buen ejemplo. ¿Qué piloto quiere arriesgar su propia vida estrellando su avión? Es absurdo y profundamente injusto darles cárcel. Huele a venganza: hay muertos; hay que castigar a alguien. Y, por supuesto, estarán gastando mucha plata para enfrentar la cárcel, para salir de allí y para defenderse. Deberían ser decorados como héroes por haber evitado una tragedia mayor.

A propósito, ¿quiénes eran los corruptos que permitieron avenidas y tráfico en los alrededores de un aeropuerto internacional? Es un accidente anunciado y preparado, y solo es cuestión de tiempo para que suceda otro peor, con un avión lleno de pasajeros en vez de billetes. Lo del Hércules fue una bendición para que se tomen medidas y se evite una tragedia mayor, que no consiste en encarcelar a pilotos, sino en enfrentar todo un sistema de burocracia y gobierno podrido.

Cuando el Gobierno y la justicia funcionan de esta forma, no sorprende que estén ligados a otras formas de crimen organizado, como el narcotráfico, con su gran poder económico para comprar conciencias y asesinar a quien no se vende.

“Tu deber es buscar la justicia, solo la justicia, para que tengas vida y poseas la tierra que el Señor, tu Dios, te da.”

(Deuteronomio 16,20)

Dios te bendiga.

Mons. Roberto Flock | Columnista