En la primera parte de este capítulo nos referimos al apoyo financiero al BCB para estabilizar el tipo de cambio mediante un sistema de flotación sucia. Ahora corresponde identificar las instituciones que pueden impulsar el desarrollo económico del país, en especial en los sectores productivo, exportador y turístico, así como en la construcción de infraestructura pública y privada que atraiga inversión extranjera y nacional (PETII).
Se pueden dictar leyes que brinden seguridad jurídica, pero sin infraestructura básica la inversión no llegará. Sin cambios estructurales, las instituciones financieras internacionales (IFI) observarán a Bolivia con cautela y ofrecerán apoyo limitado. Las primeras decisiones deben tomarse internamente: nadie en el exterior resolverá nuestros problemas.
¿Qué requieren estos sectores? Reglas claras —incluida, con urgencia, una nueva CPE—; una justicia profesional e independiente; reformas al órgano judicial; fortalecimiento de mecanismos de conciliación y arbitraje; protección efectiva de la propiedad privada; seguridad jurídica plena sobre el suelo, subsuelo y sobresuelo; un sistema de Derechos Reales transparente; simplificación tributaria para reducir evasión e informalidad; eliminación de la burocracia excesiva; financiamiento competitivo en tasas y plazos; acceso a mercados internacionales mediante la CAN y el Mercosur; acuerdos con economías clave como Estados Unidos; infraestructura vial, ferroviaria, multimodal y portuaria; aduanas eficientes; libertad de transporte internacional; promoción del hub de Viru Viru; una cancillería activa en turismo; incentivos fiscales al visitante extranjero; y sanciones efectivas contra bloqueos y extorsiones.
En el ámbito productivo, existen diversas IFI. El Grupo Banco Mundial incluye a la Corporación Financiera Internacional (IFC), que trabaja con el sector privado mediante créditos, inversión y asesoría, y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), que financia a gobiernos para fortalecer capacidades institucionales. A nivel regional destacan el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el BID Invest —orientado al sector privado—, la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe), FONPLATA y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), enfocado en transformar la economía rural.
En exportaciones, los bancos multilaterales ofrecen líneas de crédito a través del sistema financiero local. El BID Invest cuenta con el Programa de Facilitación del Comercio Exterior (TFFP), que otorga garantías a importadores y exportadores. La IFC también respalda el comercio internacional mediante financiamiento y garantías. La CAF promueve el comercio regional con líneas específicas. A esto se suman las Agencias de Crédito a la Exportación (ECA), como el Ex-Im Bank de Estados Unidos, CESCE de España, KfW IPEX-Bank de Alemania y EDC de Canadá, que aseguran pagos en operaciones internacionales. Bolivia necesita desarrollar su propia ECA para incentivar la compra de bienes y servicios nacionales.
En turismo, el BID y BID Invest financian proyectos sostenibles y brindan asistencia técnica. La CAF promueve inversiones en infraestructura turística, mientras la IFC apoya proyectos privados. La ONU Turismo impulsa el desarrollo responsable del sector, y la Fundación Suiza para la Solidaridad en el Turismo financia iniciativas locales. El potencial es evidente: países como República Dominicana han convertido el turismo en un pilar económico clave.
Respecto a la inversión extranjera, persiste en Bolivia una visión equivocada que la asocia con explotación. La realidad es que competimos por atraer capital y muchas veces quedamos fuera. Ejemplos sobran: rutas que evitan el país, rezago frente a Perú y Chile en minería, pérdida de mercados energéticos y una gestión ineficiente del litio. Es necesario cambiar el enfoque: permitir la inversión extranjera, fomentar la competencia y evitar monopolios.
El inversionista externo no requiere financiamiento local; llega con capital y conocimiento. A partir de ello se generan encadenamientos productivos y empleo. Liberar las fuerzas del mercado y del emprendimiento permitirá que Bolivia aproveche sus potencialidades.
Existen fuentes de financiamiento y herramientas disponibles. No es una utopía: es una decisión de política económica.
Babson ’82, ex catedrático universitario