Editorial

El legado del MAS está a salvo

Rodrigo Paz salió raudamente a las redes sociales a responderle a Evo Morales con una firmeza que, hay que reconocerlo, suena bien en los titulares...

Editorial | | 2026-04-29 00:06:21

Rodrigo Paz salió raudamente a las redes sociales a responderle a Evo Morales con una firmeza que, hay que reconocerlo, suena bien en los titulares. "Nadie va a privatizar YPFB", declaró el mandatario, después de que el exmandatario acusara al gobierno de conspirar contra la estatal petrolera para entregarla al sector privado. El ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, se sumó al coro: "No vamos a privatizar nunca una empresa estratégica del Estado". Punto. Caso cerrado. El monstruo sigue en pie.

Rodrigo Paz tiene razón en casi todo lo que le dijo a Evo. Tiene razón en que YPFB fue saqueada políticamente durante dos décadas. Tiene razón en que la producción cayó de 50 a 30 millones de metros cúbicos diarios. Tiene razón en que la "soberanía energética" fue una promesa que terminó en filas interminables de vehículos esperando combustible. Todo eso es verdad, documentada y dolorosa.

Pero entonces viene la gran pregunta que nadie en el gobierno parece querer responder: ¿y ahora qué?

La respuesta de Paz a Evo tiene el tono correcto, el diagnóstico correcto, y una conclusión desconcertante. Después de describir con precisión quirúrgica el desastre heredado, el presidente promete construir "un YPFB fuerte, transparente y al servicio de todos los bolivianos". Magnífico. ¿Cómo? ¿Con los mismos ocho mil funcionarios? ¿Con la misma estructura burocrática que Evo fue construyendo durante veinte años? ¿Con las mismas leyes, la misma Constitución, el mismo modelo que prometió dinamitar en campaña?

El ministro Lupo dijo que no van a privatizar "nunca" una empresa estratégica. Muy bien. Pero "no privatizar" no es una política energética, es apenas una posición defensiva frente a la presión política del masismo. Lo que Bolivia necesita saber es qué van a hacer con esa empresa, no qué no van a hacer con ella.

Hay quienes afirman que este gobierno todavía no encuentra el rumbo y que no ha empezado a gobernar. Quizás la metáfora más precisa es otra: es un gobierno con el mismo rumbo de siempre, solo que con diferente conductor al volante. La burocracia sigue. Los ministerios siguen. Los supernumerarios siguen. Las empresas estatales improductivas, que drenan recursos que Bolivia no tiene, siguen. El gradualismo se ha convertido en la filosofía oficial de un gobierno que llegó prometiendo cambio estructural.

No confrontar, no alterar, no provocar. No tocar demasiado, no cambiar demasiado rápido, no incomodar demasiado. Una estrategia comprensible, quizá, pero que tiene un costo: el tiempo. Y la paciencia, como bien se sabe, no es un recurso infinito.

Rodrigo Paz le ha mandado a Evo, sin quererlo, la carta más tranquilizadora posible. Le ha dicho, en esencia: tu obra está intacta, la vamos a administrar mejor. No te preocupes. Tu monstruo de siete cabezas no va a perder ninguna.

Bolivia lleva meses esperando las reformas que se prometieron. Lo que recibe, en cambio, son garantías de que nada fundamental va a cambiar. Y eso, más que cualquier acusación de Evo Morales, es lo que debería preocupar a los bolivianos.