
El prolongado cierre del estrecho de Ormuz está generando una crisis energética global que ninguna potencia puede permitirse sostener más allá de las próximas semanas, en un escenario marcado por negociaciones estancadas y crecientes tensiones geopolíticas.
El bloqueo de esta vía estratégica —por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial— ya provoca escasez de combustibles como diésel, queroseno y fuelóleo en Europa y Asia, afectando transporte, industria y agricultura.
Expertos advierten que el impacto económico no es lineal, sino exponencial: cada día adicional de cierre agrava el daño a la economía global y multiplica los riesgos de recesión.
La situación se ve agravada por la falta de avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, que mantienen un doble bloqueo sobre el estrecho en medio de la guerra en Medio Oriente.
El director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, calificó la situación como la mayor crisis energética de la historia, superando incluso episodios anteriores combinados.
Para Irán, el cierre inicial del paso marítimo fue una herramienta de presión frente a los ataques de Estados Unidos e Israel, pero las sanciones posteriores han reducido drásticamente sus exportaciones energéticas.
Esto amenaza con saturar su capacidad de almacenamiento de crudo, forzando recortes de producción y agravando el deterioro de su economía.
En el caso de Estados Unidos, pese al auge del fracking, el país enfrenta un fuerte aumento en los precios de los combustibles, con impacto directo en la inflación y en el escenario político previo a elecciones legislativas.
En Europa, la crisis energética revive el temor a una recesión similar a la de 2022, con aerolíneas reduciendo operaciones y un alza sostenida del diésel que golpea a hogares y sectores productivos.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, urgió a reabrir el estrecho en el corto plazo, mientras grandes compañías energéticas advierten sobre un escenario de escasez si el bloqueo continúa hasta el verano.
Por su parte, el canciller alemán Friedrich Merz cuestionó la estrategia estadounidense en el conflicto, alertando sobre su impacto directo en la economía europea.
En Asia, potencias como China e India también enfrentan presiones, pese a contar con mayores reservas o estrategias de diversificación energética.
Finalmente, los países del Golfo, altamente dependientes de las exportaciones de hidrocarburos, ven comprometidos sus ingresos y estabilidad económica, lo que incrementa la urgencia de una solución.
Con todos los actores bajo presión, el desenlace dependerá de si Washington y Teherán logran un acuerdo mínimo que permita reabrir Ormuz, evitando así una crisis energética global de mayores proporciones.