
Al menos 56 personas heridas —entre ellas 11 policías— y 63 detenidos dejaron los violentos enfrentamientos entre hinchas de Cerro Porteño y la Policía, que obligaron a suspender el superclásico frente a Olimpia en el estadio Defensores del Chaco.
Los disturbios se registraron en las gradas asignadas a la parcialidad azulgrana y derivaron en una intervención policial que dejó múltiples lesionados. El director general de Sanidad Policial, David Torales, informó que 11 agentes sufrieron “lesiones de diversa consideración”, dos de los cuales permanecen hospitalizados, aunque fuera de peligro.
Desde el sistema de salud pública, el director del Hospital de Barrio Obrero, Adán Godoy, detalló que se atendió a 45 aficionados, la mayoría con heridas leves como golpes, cortes y escoriaciones, además de impactos por balines de goma. Precisó que 25 pacientes presentaron contusiones y otros 18 resultaron afectados por la inhalación de gases lacrimógenos.
En medio del caos, las fuerzas de seguridad evacuaron a al menos 60 niños y dos mujeres embarazadas, según el jefe de Eventos Deportivos de la Policía, Héctor Fernández.
El comandante interino de la Policía Nacional, Carlos Silguero, explicó que seis personas fueron detenidas en el marco de la investigación por los disturbios, mientras que otras siete fueron aprehendidas por delitos como perturbación de la paz pública, tenencia de armas blancas y posesión de estupefacientes. A estos se suman 18 aficionados que dieron positivo en controles de alcoholemia y 32 cuidadores de vehículos, lo que eleva el total de arrestos a 63.
Por su parte, el director de Policía en Asunción, Juan Agüero, indicó que los incidentes comenzaron incluso antes del inicio del partido, cuando un grupo de hinchas de Cerro Porteño sin entradas intentó ingresar al estadio, generando los primeros enfrentamientos.
El encuentro, correspondiente al segundo superclásico del año, fue suspendido cerca de la media hora de juego, cuando el marcador se mantenía 0-0. Olimpia, dirigido por el argentino Pablo Sánchez, llegaba como líder del torneo Apertura con 39 puntos, mientras que Cerro Porteño era su escolta.
La jornada, que prometía ser una fiesta del fútbol paraguayo, terminó empañada por la violencia dentro y fuera del campo.