Tribuna

Este gobierno es una confusión ideológica

Este gobierno es una confusión ideológica
Jhonny Vargas - Politólogo | Politólogo
| 2026-04-18 07:52:43

Cuando el periodismo, los medios de comunicación y demás actores del entorno político profesan un amor falso y una adulación excesiva a la gestión de gobierno, hay que tener cuidado. Ya pasaron tres meses de la gestión de gobierno. Yo también reaparezco: pasaron las fiestas de fin de año, pasó el carnaval y pasaron las elecciones subnacionales como si nada. Sin embargo, observo que existe una sensación de distanciamiento entre el pueblo y el gobierno de Rodrigo Paz. Yo lo advertí en su debido momento: hablé del caballo de Troya, hablé del lobo con disfraz de oveja, y creo que el tiempo me está dando la razón. La realidad es reveladora: es distinta la percepción del gobierno por parte del pueblo. Lo cierto es que el presidente no tiene la voluntad de comprender muchas cosas.

En líneas generales, el presidente cada vez gana más reputación; así lo señala el ranking de aprobación de presidentes en América Latina, llegando a un sexto lugar en el ámbito de la política nacional e internacional. Mientras el pueblo boliviano cree el engaño, la población y la opinión pública brindan un consejo importante al presidente, pero él no quiere escuchar. La opinión pública advierte la necesidad de desmontar la maquinaria del masismo al interior de la administración pública, pero el presidente no quiere ver. El país siente la necesidad de cambios estructurales profundos, de un verdadero cambio institucional, debido a la burocracia masista incrustada en su gobierno y a la corrupción institucionalizada en YPFB y en las demás empresas estratégicas y deficitarias. El presidente no siente nada; para él, todo marcha bien.

El lunes escuchamos una serie de medidas económicas, pero yo las llamo soluciones parche. Dice que es el año para ordenar la economía: emite decretos, paquetes de leyes, libera tarjetas para compras en dólares y transparenta la contratación directa. Es decir, solo está manejando la crisis de manera gradual. Pero poco a poco la población está perdiendo la confianza en las medidas y decisiones gubernamentales, y también en su gabinete ministerial. La gente exige ahorro e inversión en época de crisis económica, pero el gobierno del señor Rodrigo Paz ofrece gasto desmedido e ineficiente con los créditos de financiamiento alcanzados por organismos internacionales. Todos sabemos dónde van a parar esos recursos: a la corrupción institucionalizada y cultural de cada gobierno boliviano. “Vamos bien”, indica, “superando dificultades y corrigiendo errores”, pero ni está superando las dificultades ni está corrigiendo los errores; simplemente está administrando la crisis, propiciada por su aliado político, quien le entregó en bandeja de plata la silla presidencial. En síntesis, no ha cambiado nada: es la misma “chola”, con diferente color de pollera; sigue cogobernando con el enemigo, aunque aparente otra cosa muy distinta.

Rodrigo Paz se limita a realizar algunos pequeños ajustes en materia económica, uno que otro adelanto en materia de desburocratización del Estado, pero nada más, sin decidirse a derribar el régimen enteramente podrido del MAS. Sigue subsistiendo la causa del mal; el progreso del narcotráfico continúa y la creciente apatía del gobierno se acentúa cada vez más. El “socialismo dulce” dejó atrás sus modales bruscos. Vivimos en Bolivia un tiempo rebosante de bondad e irritado por la contradicción ideológica: a Rodrigo Paz, cuando le conviene, es de derecha, y cuando no le conviene, actúa como izquierda. Él mismo dice que es partidario del capitalismo para todos; es como si dijera que es partidario de una “dictadura liberal”, como si ambas palabras no se excluyeran. Este gobierno es una verdadera confusión ideológica.

La verdad es que este gobierno del señor Rodrigo Paz no tiene principios ni doctrina; si sabe muy bien a dónde va, todavía menos a dónde quiere ir, y carece de confianza en sí mismo. Es un presidente demasiado bien educado y demasiado delicado para tomar decisiones fuertes. Es un gobierno provisional, un gobierno de transición, hacia la democracia o hacia el retorno de la dictadura. Su debilidad más grande es que no acierta en apoyarse en el sentimiento nacional, sino que se apoya en el pacto o acuerdo político con el enemigo del país. Es demasiado “careta”, como dirían los argentinos. Es un presidente con las cualidades y defectos de su país: es simpático, inteligente, gracioso y tiene una habilidad innegable para dar buenos discursos, pero de discursos no vive la gente, señor Rodrigo Paz. Se parece a esos toreros de su tierra que, cuando acaba la corrida, no piensan más que en el amor y en que el público les eche flores.

Pero no hay más remedio que decirlo: parece ajeno a las ideas liberales y comulga, probablemente por tradición familiar, con las ideas socialistas. A pesar de su buena voluntad, no logra vencer la impopularidad que levantan contra su gobierno los sectores nacionales y populares. No se vence al socialismo cohabitando con el masismo; se lo vence oponiendo otras ideas. Rodrigo Paz, si termina su gestión de gobierno, logrará restablecer la seguridad, pero continuará la presencia del narcotráfico; habrá orden público, pero continuará la corrupción policial; habrá crédito y confianza, pero continuará la incertidumbre económica y se empeorará aún más. Se reorganizará en algo la actividad nacional, con la misma burocracia y corrupción institucional; se regularizarán los presupuestos, pero continuará el caos financiero; se construirán carreteras, pero con mucho sobreprecio; se desarrollará el turismo nacional y extranjero, pero sin buenas condiciones de seguridad para los turistas. ¿Ven que es fácil saber cómo será su gobierno? Claro, todo esto si es que logra terminar su periodo de gobierno.

Jhonny Vargas - Politólogo | Politólogo
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