Dios te bendiga

Trump y el Papa León XIV

Trump y el Papa León XIV
Mons. Roberto Flock | Columnista
| 2026-04-17 07:56:09

«El león ruge: ¿quién no temerá? El Señor habla: ¿quién no profetizará?» (Amós 3,8)

Hace unos días, el presidente Trump publicó en su plataforma personal una de sus descontroladas verborreas, esta vez contra el Papa León XIV. Estaba furioso porque el Santo Padre cuestiona su política migratoria deshumanizante y su sangrienta guerra contra Irán.

El 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación, el secretario de Defensa de los EE. UU., Pete Hegseth, había participado en un servicio de oración en el que pidió una violencia de acción abrumadora contra aquellos que, según él, no merecen misericordia, en el contexto de la guerra contra Irán, tachándolos como enemigos de la rectitud y de esta gran nación. Imploró a Dios romper los dientes de los impíos y dijo que las tropas estadounidenses combaten en nombre de Jesucristo. Días después, el Domingo de Ramos, el Papa León, citando al profeta Isaías (1,15), dijo que Dios no escucha la oración de quienes pregonan la violencia: «Cuando extienden sus manos, yo cierro los ojos; por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!». Luego pidió que quienes tengan la capacidad de hacer la guerra opten por la paz.

Para el Domingo de la Misericordia, el 12 de abril, el Papa convocó en todo el mundo una Jornada de Oración por la Paz, lo que desató la ira de Trump, que reaccionó con lo que en inglés se llama un “nuclear meltdown” y su acostumbrada combinación de mentiras y acusaciones.

Respondiendo a preguntas de reporteros, el Papa explicó: «No le tengo miedo a la administración de Trump. Seguiré hablando en voz alta del mensaje del Evangelio, por el que trabaja la Iglesia». «No somos políticos —repite León XIV—, no miramos la política exterior con la misma perspectiva. Pero creemos en el mensaje del Evangelio como constructores de paz».

Una de las tonterías que dijo Trump fue que el Papa León fue elegido por ser americano. Esto es desconocer por completo las cualidades valoradas por los 133 cardenales, de los cuales solamente 10 eran estadounidenses. Pero, de repente, tenía razón: quizá el Espíritu Santo eligió a un Papa norteamericano precisamente para que pudiera rugir un león que diga la verdad en inglés y en nombre de Dios, en vez de las mentiras, amenazas y arrogancias de Trump.

Cuando un reactor nuclear sufre un accidente que daña su capacidad de enfriamiento, al calentarse, el combustible nuclear cambia de estado sólido a líquido, sufriendo la fusión del núcleo, con consecuencias potencialmente desastrosas por la contaminación. Los peores accidentes de la historia han sido los de Three Mile Island, en los EE. UU. (1979); Chernóbil, Unión Soviética (1986); y Fukushima, Japón (2011). Aunque Trump acusa al Papa de no comprender la amenaza nuclear que representa Irán, su propia falta de control es como un reactor nuclear fuera de control. Tuvo un meltdown como un reactor nuclear: se vuelve más peligroso; se le escapa una radiación de rabia que puede quemar y causar daños por mucho tiempo, hasta que sea reparado y contenido.

A mí, como estadounidense, me da vergüenza que alguien como Trump haya sido elegido presidente. Mis colegas me preguntan: ¿cómo fue posible? Es similar a preguntar cómo llegó al poder un tipo como Hitler. Gozaba de gran popularidad hasta que metió a todo el mundo en la guerra más destructiva de la historia y cometió sus genocidios. Supo dar voz a grandes olas de descontento, y muchos de los que se dieron cuenta de antemano tenían miedo de denunciar el peligro.

En los EE. UU. hay mucho descontento porque la agenda exageradamente liberal de la izquierda, con el matrimonio gay y el movimiento LGBTQ+, provoca rechazo en los sectores tradicionales y religiosos de la población. Los católicos y otros grupos cristianos han luchado durante los últimos 50 años para revertir la decisión de la Corte Suprema que legalizó el aborto provocado; finalmente se logró por los jueces nombrados por Trump. A muchos grandes intereses económicos no les gusta la agenda ecológica. Y los más de 12 millones de migrantes no documentados fueron un grupo fácil de culpar por los problemas de los demás, como hizo Hitler con los judíos en la Alemania nazi.

Me encanta la respuesta serena del Papa León. No necesita levantar la voz ni usar palabrotas como Trump para rugir: «No somos políticos —repite León XIV—, no miramos la política exterior con la misma perspectiva. Pero creemos en el mensaje del Evangelio como constructores de paz». «Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). Trump cree que merece un premio Nobel de la Paz, pero nunca lo va a recibir, porque es un bully que maltrata a todo el mundo y ahora está asesinando a miles con su guerra. No sabe en qué consiste la paz.

A mí me acusan también de meterme en política, simplemente por tocar temas políticos con mis artículos y homilías. Pero la política es la actividad humana que más necesita ser evangelizada, precisamente para que haya justicia y paz en vez de guerras y genocidios.

Para esto, como pastor de la Iglesia, no necesito aliarme con un partido político, mucho menos ocupar puestos de poder para gobernar a los pueblos. No es mi vocación. Pero, al igual que el Papa León XIV, tengo el derecho y el deber de iluminar la actividad de gobernar con la luz del Evangelio. Naturalmente, esa luz cae mal a aquellas personas que abusan de su poder, personas como Trump, que están acostumbradas a faltar el respeto al otro y que creen en la fuerza por encima del diálogo y la razón. ¿Cómo va a comprender a un león que se acuesta con el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, que consiste en la violencia en todas sus formas? Por supuesto, desconoce toda la Doctrina Social de la Iglesia Católica, desarrollada sobre todo desde la encíclica Rerum Novarum de León XIII hasta ahora.

El libro de la Sabiduría anticipó a personas como Trump que se ponen a criticar a su Santidad: «Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido. No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad ni valoran la recompensa de las almas puras» (2,21-22).

Con suerte, Trump seguirá perdiendo el control de su boca y así, en las próximas elecciones de noviembre, perderá también las mayorías que tiene con los republicanos en las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos. Será una bendición para el país y el mundo entero.

Dios te bendiga.

Mons. Roberto Flock | Columnista
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