Editorial

¿Miedo a qué?

Bolivia no enfrenta hoy un dilema ideológico, sino un problema de honestidad con su propia realidad. Mientras el presidente Rodrigo Paz deja entrever su temor a aprobar un paquete de leyes clave...

Editorial | | 2026-04-17 07:54:41

Bolivia no enfrenta hoy un dilema ideológico, sino un problema de honestidad con su propia realidad. Mientras el presidente Rodrigo Paz deja entrever su temor a aprobar un paquete de leyes clave destinadas a sepultar el modelo socialista del MAS, el país sigue atrapado en una contradicción evidente: se gobierna con miedo al capitalismo en una sociedad que ya es profundamente capitalista.

Las grandes tragedias económicas del país no nacieron del mercado, sino de su negación. Las hiperinflaciones de los años 50 y 80 fueron el resultado de Estados que creyeron que podían sustituir la producción real con emisión monetaria, control político y voluntarismo. Cuando la moneda perdió valor, no fue por exceso de capitalismo, sino por su ausencia. El Decreto Supremo 21060 no fue una elección ideológica: fue un acto de emergencia para detener el colapso total.

Pero estabilizar no fue lo mismo que reconstruir. Tomó casi 30 años recuperar una moneda relativamente fuerte, confianza y cierto orden macroeconómico. Y ese proceso no se consolidó gracias al rechazo del mercado, sino a su aceptación progresiva, muchas veces silenciosa. Mientras el Estado ensayaba modelos, la sociedad resolvía su supervivencia en la práctica: comerciando, importando, invirtiendo, arriesgando.

Hoy esa realidad es incuestionable. Bolivia es un país de comerciantes. Desde los gremiales hasta los agroindustriales, desde el transportista hasta el pequeño importador, el boliviano vive del intercambio, no de la planificación estatal. El llamado “capitalismo cholo” no es una teoría: es la forma concreta en la que funciona el país. Es informal, sí; caótico, también. Pero es dinámico, resiliente y profundamente eficiente en su lógica.

El problema no es que el capitalismo no exista. El problema es que el Estado sigue tratándolo como si fuera un enemigo o, en el mejor de los casos, como una realidad incómoda que debe disfrazarse. De ahí nacen los eufemismos: “economía plural”, “capitalismo para todos”, “modelo productivo social”. En los hechos, ninguno ha sustituido al mercado. Solo lo han rodeado de obstáculos.

El actual momento exige claridad. El propio presidente reconoce que “la ideología no da de comer”, pero aún no termina de asumir la conclusión lógica: lo que da de comer es un sistema donde invertir sea seguro, producir sea rentable y competir no sea castigado. Sin seguridad jurídica, sin reglas claras y con una moneda debilitada, ningún discurso atraerá inversión real.

El verdadero riesgo hoy no es el capitalismo. Es el miedo a asumirlo plenamente. Es seguir frenando la energía económica de una sociedad que ya resolvió, por sí sola, cómo sobrevivir y prosperar. Es insistir en controles, distorsiones y relatos que no se corresponden con la vida cotidiana de la gente.

Bolivia no necesita inventar un modelo. Ya lo tiene. Funciona en las calles, en las ferias, en las fronteras, en mercados de El Alto, en la Cancha y en Barrio Lindo. Lo que falta no es reemplazarlo, sino liberarlo.

Cada vez que el país le tuvo miedo al mercado, terminó en crisis. Y cada vez que lo dejó operar, encontró una salida. Sin miedo al capitalismo no es una consigna ideológica. Es, simplemente, una lección aprendida.