A lo largo de esta serie de cuatro artículos, hemos apuntado a la imperante necesidad de tener una estrategia de desarrollo; caso contrario, podemos crecer económicamente, pero no desarrollar. ¿No ha pasado eso en los 20 años del MAS, inclusive si extendemos a más años atrás? En estos, hemos abordado tres problemas centrales que hacen a una estrategia boliviana: ¿más Estado o más mercado?, la mala costumbre de encontrar “recursos milagro” y el rol de las embajadas en su aporte a la estrategia y al desarrollo del país.
La pregunta final es inevitable: ¿qué tipo de economía podría construir Bolivia en las próximas dos o tres décadas? La respuesta no requiere descubrir nuevos recursos. Requiere mirar con claridad lo que el país ya tiene. Bolivia posee una combinación poco común, una llave para desarrollar el país: la naturaleza única en el mundo y la enorme diversidad agrícola.
Desde el Salar de Uyuni hasta la Amazonía y los Andes, el país cuenta con un potencial turístico extraordinario. Al mismo tiempo, miles de pequeños productores cultivan productos con alto valor para los mercados internacionales. Si estos sectores se desarrollaran estratégicamente —y que además involucran al sector urbano y rural, empresarios, obreros y campesinos—, Bolivia podría posicionarse como una potencia en turismo de naturaleza y alimentos premium. Esto implicaría desarrollar cadenas de valor completas, integrar productores, mejorar estándares de calidad y construir una marca país reconocida internacionalmente. Pero este potencial no se materializa automáticamente. Requiere coordinación entre actores, políticas públicas coherentes e inversión estratégica. Requiere, en definitiva, una visión de largo plazo.
Recordemos que los anuncios sobre la presentación y eventual promulgación de leyes y reformas, reiterados desde hace meses por el gobierno, aunque importantes, son instrumentos. Una ley de inversiones y otra de hidrocarburos es lo que más se ha anunciado. Tomemos como ejemplo: ¿a qué apuntarán esas inversiones? ¿A toda o cualquier inversión? ¿Todas las inversiones son buenas? ¿Todas aportan al desarrollo? La respuesta es no. ¿Las inversiones en el sector de hidrocarburos son positivas? Sí, lo son, pero no para sentar las bases de un desarrollo. Se necesita explorar y producir para asegurar la independencia energética, que es esencial para ejecutar cualquier estrategia; exportar para generar divisas que nutran la economía tanto para la inversión doméstica como para el consumo. Es decir, esos recursos tienen que servir para crear una base productiva sostenible e inclusiva. Pero, ¿cuál es la estrategia? No podemos seguir considerando que el sector de hidrocarburos genere divisas y sea solamente un insumo clave para la actividad económica sin saber con qué propósito. La diferencia no estará en los recursos disponibles. Estará en la claridad de la estrategia. Porque el desarrollo no es un accidente. Es una decisión.
No podemos desarrollar todo; por definición, una estrategia no puede lograr todo al mismo tiempo. Todas las políticas de infraestructura —caminos y aeropuertos—, digitalización, educación, fuerza laboral, impositivas, judiciales, etc., tendrían que apoyar los objetivos de la estrategia. Nuestro desarrollo no puede ser en todo porque, como hemos visto, no hemos desarrollado nada. Seguimos tan o más vulnerables, no hemos construido ninguna ventaja competitiva como país, no hemos mejorado los recursos humanos. Si algo, hemos desperdiciado recursos de todo tipo y tiempo. Por último, el gobierno tiene que alinear cualquier asistencia que provenga de la comunidad internacional a la estrategia, y nuestras embajadas tienen que funcionar alrededor de la misma.
No nos olvidemos de que Chile ha persistido en una dirección y políticas de desarrollo por más de 50 años, a través de varios gobiernos, o que Perú también mantiene políticas consistentes por alrededor de 35 años. A medida que se avance en el desarrollo, construiremos más y mejores capacidades para introducirnos en otros sectores de producción de bienes más sofisticados y con mayor valor agregado, como productos de energía limpia, chips, baterías, etc. (Con la velocidad en que ha cambiado el mundo en las últimas décadas, posiblemente ya hayamos “perdido el tren” inclusive en esos sectores; es más, es difícil pronosticar cuáles serán esos sectores, pero tenemos que fortalecer nuestros recursos humanos y nuestra economía).
Bolivia enfrenta una decisión fundamental que tomará décadas en ejecutarse. Pero se tiene que empezar de una vez. ¿Puede continuar dependiendo de ciclos de recursos naturales y proyectos aislados, o puede construir una economía más diversificada, sostenible y orientada al valor agregado? ¿Entiende la población esa necesidad y lo que tomará en tiempo, recursos y esfuerzo? ¿Entienden los políticos? Aquí, nuevamente, el gobierno tiene que llevar a cabo una campaña masiva de comunicación y concientización para explicar esta necesidad, los beneficios esperados y la necesidad de apoyo de todos los sectores.
No podemos seguir perdiendo tiempo. El gobierno no puede perder más tiempo. Hay muchas cosas urgentes que hay que atender, pero no podemos, no debemos, olvidarnos de lo importante.