Ojo Centinela

La tijera de Galindo también cortó la ética del periodismo

La tijera de Galindo también cortó la ética del periodismo
Roberto Méndez - Periodista | Periodista
| 2026-04-14 00:04:00

La activista María Galindo no solo le pasó tijera al tipoy del oriente boliviano, sino que también hizo trizas la ética del periodismo. Este hecho debería dejarnos una lección clara: la responsabilidad de contextualizar y medir el impacto antes de difundir contenidos que no solo ofenden la dignidad de nuestros pueblos, sino que también pueden entrar en tensión con la Constitución Política del Estado (CPE) y las normas vigentes. Todo esto ocurre en un contexto dominado por la civilización del espectáculo, la entronización de ídolos falsos y las guerras por el “like”, donde se desplazan valores esenciales como la cordura, la responsabilidad y los cimientos de la convivencia pacífica.

Desde el punto de vista legal, la CPE, en su artículo 30, reconoce como nación y pueblo indígena originario campesino a toda colectividad que comparta identidad cultural, idioma, tradición histórica, instituciones, territorialidad y cosmovisión. En el marco de la unidad del Estado, estos pueblos tienen derecho a existir libremente, a preservar su identidad cultural y a que sus símbolos, prácticas, saberes y vestimentas sean respetados y promovidos. En ese sentido, el tipoy no es un simple objeto, sino una expresión cultural que merece consideración y respeto.

En cuanto al rol de la prensa, el artículo 107 de la CPE establece que los medios de comunicación deben contribuir a la promoción de valores éticos, morales y cívicos de las distintas culturas del país, y que la información difundida debe regirse por los principios de veracidad y responsabilidad. Esto implica que el periodismo no puede limitarse a amplificar hechos llamativos sin ofrecer contexto ni evaluar sus consecuencias.

El periodista colombiano Javier Darío Restrepo, referente en ética periodística, sostenía que el deber del periodista es proteger al receptor frente a la manipulación informativa, lo que exige interpretar, contextualizar y ofrecer antecedentes, orientando la comprensión hacia las consecuencias de los hechos. Este principio también está recogido en el Código del Tribunal Nacional de Ética Periodística de Bolivia, que exige presentar las distintas facetas de una información considerando diversas fuentes.

En este caso, se trataba de un pódcast, no de una transmisión en vivo, lo que brindaba tiempo suficiente para evaluar el contenido antes de su difusión. Sin embargo, surge una interrogante clave: ¿era realmente necesario entrevistar a María Galindo sin un adecuado contrapeso? Más aún cuando existen antecedentes de acciones y declaraciones polémicas dirigidas contra símbolos y espacios representativos de Santa Cruz, lo que hacía previsible el impacto del contenido.

Si se optó por realizar la entrevista en el marco de la libertad de expresión, correspondía también garantizar el equilibrio informativo. El derecho a la réplica, reconocido en la propia CPE, exige la inclusión de voces alternativas que permitan contextualizar y contrastar la información. La ausencia de una perspectiva complementaria, como la de un historiador o representante cultural, deja la cobertura incompleta y expuesta a interpretaciones sesgadas.

La libertad de expresión, consagrada en instrumentos internacionales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto de San José de Costa Rica, así como en la propia Constitución boliviana, es un pilar fundamental de la democracia, pero no es absoluta. Tiene límites claros cuando se trata de evitar la incitación al odio o a la violencia. La historia ofrece ejemplos extremos, como el caso de Ruanda en 1994, donde mensajes difundidos por medios de comunicación contribuyeron a desencadenar una tragedia de proporciones masivas.

Este escenario nos devuelve a la reflexión sobre la civilización del espectáculo, concepto desarrollado por Mario Vargas Llosa, quien advertía sobre un periodismo que prioriza el entretenimiento por encima del rigor, privilegiando el escándalo, el chisme y la catástrofe como formas de captar audiencia. Este enfoque termina debilitando la función social del periodismo y erosionando su credibilidad.

Finalmente, el periodista Ryszard Kapuściński recordaba que para ejercer el periodismo es imprescindible ser, ante todo, un buen ser humano. Comprender a los demás, sus contextos y sus sensibilidades no es un lujo, sino una obligación ética. Después de más de tres décadas en el oficio, queda claro que los errores también forman parte del aprendizaje, pero no deben repetirse sin reflexión. En definitiva, el desafío es construir, no destruir, y resistir la tentación de sacrificar principios por la efímera recompensa de unos cuantos “likes”.

Roberto Méndez - Periodista | Periodista
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