
Venezuela ha vendido alrededor de 150 millones de barriles de petróleo crudo desde principios de enero tras el alivio de las sanciones estadounidenses y la captura de Nicolás Maduro, mientras Washington impulsa a las compañías estadounidenses a expandir operaciones y aumentar la producción en el país sudamericano.
Durante el foro Semafor World Economy celebrado el lunes en Washington, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, dijo que las ventas reflejan una rápida reapertura del sector petrolero venezolano tras años de restricciones y caída de la producción.
“Redondeando, probablemente se han vendido 150 millones de barriles de petróleo venezolano, quizá un poco más, pero algo así, desde el 3 de enero”, afirmó Wright, añadiendo que la producción de crudo del país ha aumentado a más de 1.2 millones de barriles diarios, desde poco menos de un millón antes de la captura de Maduro.
A un precio promedio de $60.48 por barril para el crudo venezolano durante el primer trimestre, la venta de aproximadamente 150 millones de barriles desde principios de enero representaría cerca de $9,070 millones en ingresos brutos.
Antes de la captura de Maduro, las exportaciones de crudo del país habían sido prácticamente asfixiadas por las sanciones de Estados Unidos, con solo volúmenes limitados saliendo mediante esquemas opacos que a menudo dependían de intermediarios y transferencias de barco a barco diseñadas para evadir las restricciones.
Gran parte del petróleo que llegaba a mercados extranjeros era, en la práctica, contrabandeado, según comentarios de comerciantes y analistas.
En los meses previos a la redada antes del amanecer en la que el exmandatario fue capturado, las exportaciones cayeron aún más y en ocasiones se acercaron a una paralización total, mientras la administración Trump desplegaba una importante presencia militar en el Caribe, intensificando la vigilancia marítima y disuadiendo a los buques cisterna de cargar crudo venezolano.
La cifra de ventas subraya la magnitud del flujo de caja generado por la reapertura del sector petrolero venezolano, proporcionando un impulso significativo a las finanzas de la estatal PDVSA y ofreciendo al gobierno interino recursos adicionales para importaciones, obligaciones de deuda y esfuerzos para estabilizar la economía del país.
Maduro fue detenido a principios de enero por fuerzas del Ejército de Estados Unidos que actuaban con una orden de arresto emitida por el Departamento de Justicia, que acusa al exmandatario de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y delitos relacionados con armas.
La operación desencadenó un cambio político en Caracas, con la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez asumiendo el poder y moviéndose para reconstruir los lazos energéticos con Washington.
Poco después de asumir el cargo, Rodríguez anunció una “asociación productiva” a largo plazo con Estados Unidos, y Washington levantó las sanciones sobre Caracas, autorizando la venta y el transporte de crudo venezolano a nivel global y permitiendo a empresas norteamericanas operar en el mercado petrolero del país.
El cambio permitió a PDVSA firmar nuevos contratos de suministro y aumentar los envíos a compradores internacionales, incluidos cargamentos con destino a Norteamérica.
El presidente Donald Trump elogió los primeros resultados, afirmando que “millones, literalmente millones de barriles de petróleo” estaban siendo extraídos bajo el nuevo esquema. Wright señaló que la administración está alentando a las compañías estadounidenses a profundizar su presencia en Venezuela y destacó que cinco empresas petroleras estadounidenses ya operan en el país, tanto en campos offshore como onshore convencionales y no convencionales.
Datos separados de la Agencia Internacional de Energía sugieren que la recuperación continúa, aunque a un ritmo más moderado. La producción de crudo de Venezuela aumentó un 14% en marzo hasta 980,000 barriles por día, según el informe mensual del organismo, un incremento de 120,000 barriles diarios respecto a febrero. Las exportaciones también subieron en 80,000 barriles por día hasta 860,000 barriles diarios, con casi un tercio de los envíos destinados a India.
La agencia señaló que la producción venezolana había caído bruscamente en enero durante la operación militar estadounidense que llevó a la captura de Maduro, pero desde entonces se ha recuperado hasta alrededor de un millón de barriles diarios, un nivel que el organismo considera la capacidad sostenible de extracción del país en el corto plazo.
El repunte se produce mientras funcionarios estadounidenses intensifican el contacto con Caracas para ampliar la producción. Kyle Haustveit, subsecretario adjunto de Estados Unidos para hidrocarburos y energía geotérmica, viajó esta semana a Venezuela para avanzar la agenda energética bilateral y asistir a la firma de un acuerdo que amplía las operaciones de Chevron en el país.
La Embajada de Estados Unidos en Caracas señaló el lunes que la visita forma parte de la estrategia de tres fases de Trump para Venezuela —estabilización, recuperación y transición— destinada a apoyar la reconstrucción económica y fomentar la inversión privada. “Seguimos avanzando el plan de tres fases del presidente Donald Trump y trabajando hacia la transformación económica de Venezuela”, indicó la legación en un comunicado.
En una ceremonia en el Palacio de Miraflores, Rodríguez dio la bienvenida a la delegación estadounidense y llamó a avanzar hacia “una Venezuela libre de sanciones” para brindar certeza jurídica a los inversionistas. El acuerdo aumenta la participación de Chevron en la empresa mixta Petroindependencia al 49% e incorpora el bloque Ayacucho 8, una zona rica en crudo de la Faja Petrolífera del Orinoco, al proyecto Petropiar, una asociación entre Chevron y PDVSA.
El acuerdo sigue a una serie de contactos de alto nivel entre Washington y Caracas destinados a reconstruir la industria energética del país. Wright viajó a Caracas en febrero para establecer una asociación energética a largo plazo, y el secretario del Interior, Doug Burgum, visitó el país en marzo para la firma de acuerdos adicionales entre Venezuela y la empresa británica Shell.
Analistas señalan que la reapertura del sector petrolero venezolano podría ayudar a aliviar las presiones de oferta en los mercados energéticos globales, aunque funcionarios advierten que persisten riesgos geopolíticos más amplios debido a la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
Wright advirtió que las expectativas de una caída de los precios del petróleo este verano podrían ser demasiado optimistas, citando interrupciones en el tráfico marítimo a través del estratégico estrecho de Ormuz.
“Una vez que el conflicto termine y la energía comience a fluir nuevamente, la presión comenzará a bajar, aunque tomará tiempo”, dijo Wright. “Cuanto más se prolongue el conflicto, más tardará la recuperación.”