Bajo el penoco

País barato

| 2026-04-14 00:08:00

Rodrigo Paz plantea “hacer de Bolivia un país barato”, pero el diagnóstico confunde el problema. Bolivia ya es un país barato en costo de vida; lo que no es barato —ni eficiente— es su Estado. La informalidad del 85% no es una anomalía cultural, es una respuesta racional a un aparato estatal caro, burocrático y punitivo. Cuando abrir una empresa implica trámites interminables, cargas tributarias desproporcionadas y escasa seguridad jurídica, la formalidad se vuelve obligatoria. Hablar de “abaratar el país” desvía la discusión. Lo que debe abaratarse es el costo de cumplir la ley. Hoy, el emprendedor boliviano enfrenta impuestos de estándar europeo con servicios públicos propios de África. Esa ecuación expulsa a la formalidad y premia la evasión como mecanismo de supervivencia. Si el objetivo es ordenar la economía, el camino no es retórico sino estructural: simplificación tributaria, desregulación real y un Estado que deje de obstaculizar. La formalidad no se impone; se vuelve atractiva cuando el Estado deja de ser el principal costo.