Editorial

El pragmatismo llega a América Latina

El viento que sopla hoy en gran parte del continente no es de izquierda ni de derecha: es pragmatismo puro y duro.

Editorial | | 2026-04-13 08:25:06

América Latina siempre ha dido el tablero de una partida de ajedrez ideológico que parecía no tener fin. Con el socialismo del siglo XXI la región quedó atrapada en una retórica de confrontación que priorizó la pureza del dogma sobre el bienestar de la gente. Sin embargo, el mapa está cambiando. El viento que sopla hoy en gran parte del continente no es de izquierda ni de derecha: es pragmatismo puro y duro.

El caso de Venezuela es el síntoma más visible de esta metamorfosis. Tras años de colapso, el chavismo ha pasado de la retórica antiimperialista a una convivencia resignada con Washington. La bandera estadounidense ondeando en Caracas y el retorno de Chevron no son adhesiones ideológicas, sino una estrategia de supervivencia. Estados Unidos ya no busca colapsar el modelo, sino influir en él para estabilizar el flujo energético y migratorio.

Pero este fenómeno se ha extendido como un incendio necesario por todo el continente. En Brasil, el gobierno ha entendido que la relevancia global exige dejar de lado las disputas de bloques. La reciente firma de acuerdos de cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad demuestra que, incluso bajo administraciones con raíces progresistas, los intereses nacionales de defensa y tecnología pesan más que los viejos manuales partidarios.

Argentina y Chile están trazando rutas similares bajo contextos distintos. Argentina, asfixiada por crisis cíclicas, ha volcado su mirada hacia una apertura económica agresiva, buscando en el capital internacional y en la alineación con potencias occidentales la salida a su laberinto financiero. Chile ha mantenido una institucionalidad donde el pragmatismo económico es la política de Estado, permitiendo que la inversión fluya independientemente del color del Palacio de La Moneda.

Ecuador representa quizá el ejemplo más drástico del pragmatismo aplicado a la urgencia. Ante una crisis de seguridad sin precedentes, el gobierno ecuatoriano ha dejado atrás los recelos soberanistas del pasado para abrazar una cooperación estrecha con agencias estadounidenses en la lucha contra el crimen organizado. Los resultados en la contención de la violencia están a la vista, demostrando que la seguridad ciudadana no tiene ideología.

En Bolivia, tras un largo periodo de ensimismamiento, el país se encuentra en un punto de inflexión. La necesidad de divisas, tecnología y nuevos mercados hace imperativo girar hacia ese mismo pragmatismo. La gestión de recursos estratégicos requiere socios confiables y una relación madura con las economías líderes del mundo, dejando atrás el aislamiento que solo produce estancamiento.

Incluso Cuba, con su agudo olfato de supervivencia, ha comenzado a ondear la bandera del diálogo. La insistencia de Miguel Díaz-Canel por alcanzar acuerdos con Estados Unidos es la prueba final de que la épica revolucionaria ha sido derrotada por la realidad económica.

América Latina necesita madurar, dejar atrás el romanticismo de las barricadas por la eficiencia de los resultados. No se trata de cambiar una ideología por otra, sino de entender que el progreso no nace de los discursos, sino de la capacidad de negociar, cooperar y adaptarse a un mundo que no espera a los rezagados.

La región se encamina a un modelo de estabilización donde la prioridad es el crecimiento y la seguridad. El pragmatismo está venciendo a la ideología, y aquellos países que se resistan a este giro corren el riesgo de quedar anclados en una irrelevancia costosa.