
Mientras las calles de Bolivia se llenan de colores, risas y actividades por el Día de la Niña y el Niño, hay una pregunta respecto al origen de esta celebración: ¿por qué esta fecha quedó marcada en el calendario como el día de la infancia?
La respuesta se remonta a más de siete décadas, cuando el mundo comenzó a construir marcos de protección para la niñez, en un contexto marcado por la posguerra y las desigualdades que afectaban a millones de niños en distintos países.
En Bolivia, esta conmemoración se celebra desde 1955, cuando el presidente de entonces, Víctor Paz Estenssoro, promulgó el 11 de abril de ese año el Decreto Supremo 04017, que estableció el Día del Niño Boliviano. La decisión respondió a una necesidad social urgente: visibilizar a la infancia y enfrentar los altos niveles de pobreza que afectaban a los menores.
Pero la fecha no fue elegida al azar. Todo comenzó cuando la Organización de los Estados Americanos (OEA) y el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) redactaron la Declaración de Principios Universales del Niño, el 12 de abril de 1952, como respuesta a la desigualdad y el maltrato que sufrían los niños en el mundo.
“En esta oportunidad se acordó que cada país debería fijar una fecha para festejar a sus niños. El gobierno boliviano (…) instituyó como ‘Día del Niño’ el 12 de abril”, señala Unicef en su portal institucional.
En ese sentido, Bolivia no solo adoptó la fecha, sino que la hizo suya, vinculándola a ese llamado internacional a proteger y reconocer los derechos de la niñez.
Con el paso del tiempo, la conmemoración evolucionó. En 2013, el país dio un nuevo paso con la Ley 357, que amplió la celebración al “Día de la Niña y del Niño”, con el objetivo de visibilizar a las niñas y reforzar el enfoque de igualdad de género en la protección de la infancia.
La fecha también ocupa un lugar especial en la memoria histórica del país. Se recuerda el valor de niños como Juancito Pinto, quien se sumó como tamborilero a la Guerra del Pacífico movido por su compromiso con la patria.
Además de Genoveva Ríos, quien arriesgó su vida para rescatar la bandera boliviana durante la ocupación del puerto de Antofagasta, convirtiéndose en símbolo de valentía infantil en medio del conflicto.
Hoy, instituciones como la Defensoría del Pueblo y Unicef Bolivia recuerdan esta fecha como una oportunidad crítica para reflexionar sobre los desafíos pendientes, en un contexto donde la violencia y las brechas en el acceso a la educación digital siguen presentes.