
El Real Madrid volvió a fallar en el momento menos oportuno. El empate 1-1 frente al Girona FC no solo supone otro golpe en LaLiga, sino que deja el título prácticamente servido al FC Barcelona.
Es el segundo pinchazo consecutivo de un equipo que ya mira más hacia la Liga de Campeones de la UEFA que a un campeonato doméstico que se le escapa. Con el Bayern Múnich en el horizonte, el conjunto blanco se aferra a Europa como último salvavidas de una temporada que amenaza con cerrarse sin títulos.
La Liga, antes incluso del pitido inicial, ya era poco más que un ejercicio de fe. La distancia con el liderato, la exigencia de un tropiezo reiterado del Barcelona y la visita pendiente al Camp Nou dibujaban un escenario más cercano a la épica que a la lógica.
Aun así, el equipo dirigido por Álvaro Arbeloa presentó una alineación con varias novedades, evidenciando que la prioridad está puesta en la batalla europea. Entre rotaciones y ajustes, el partido se jugó también pensando en Múnich.
El guion fue el esperado. El Girona, ordenado y paciente, se replegó con disciplina, apostando por cerrar espacios y buscar alguna oportunidad al contragolpe. El Madrid, en cambio, dominó sin urgencia, con más posesión que profundidad.
En ese contexto, destacaron Jude Bellingham y Dani Carvajal, los más incisivos en un ataque al que le faltó chispa. También lo intentaron Kylian Mbappé y Vinícius Júnior, pero sin precisión en los metros finales.
El marcador se rompió tras el descanso gracias a un potente disparo de Federico Valverde, que adelantó al Madrid y parecía encaminar un triunfo necesario. Sin embargo, la fragilidad del equipo volvió a quedar expuesta.
El Girona dio un paso al frente y encontró el empate con un gran zurdazo desde la frontal de Thomas Lemar. El gol desató las dudas en el conjunto blanco, que se diluyó con el paso de los minutos.
Sin reacción, sin ideas y con más ansiedad que fútbol, el Madrid se fue apagando. Apenas inquietó en el tramo final, más allá de una polémica acción en la que se reclamó penalti sobre Mbappé que el árbitro no sancionó.
El 1-1 ya no se movió. La Liga se aleja definitivamente y la Champions aparece como una misión casi imposible. Porque si algo ha demostrado este Real Madrid es que, lejos de los milagros, hoy vive atrapado en sus propias limitaciones.