
Al menos 254 personas murieron y otras 1.165 resultaron heridas tras una oleada de bombardeos israelíes sin precedentes en Líbano, ejecutados en apenas diez minutos y dirigidos contra más de cien objetivos, según reportes oficiales del Ministerio de Salud libanés.
El ataque se produjo este miércoles 8 de abril, en medio de una tregua temporal en Oriente Medio, lo que generó denuncias inmediatas por supuestas violaciones al alto el fuego y desacuerdos sobre su alcance territorial.
Autoridades libanesas calificaron la ofensiva como la más intensa desde el inicio de la guerra entre Israel y el grupo proiraní Hezbolá, acusando a Tel Aviv de provocar decenas de muertes en distintas regiones del país.
El Centro de Operaciones de Emergencia del Líbano confirmó que las víctimas se registraron en múltiples zonas, reflejando la magnitud y simultaneidad de los ataques, que impactaron áreas densamente pobladas.
Por su parte, el gobierno israelí defendió la operación. El primer ministro Benjamín Netanyahu aseguró que el acuerdo de cese al fuego alcanzado entre Estados Unidos e Irán no incluye las acciones militares contra Hezbolá en territorio libanés.
La ofensiva ocurre en un contexto de alta fragilidad regional, donde las primeras horas de la tregua ya muestran interpretaciones divergentes sobre su aplicación, especialmente en escenarios indirectos del conflicto.
Desde Irán, los Guardianes de la Revolución de Irán emitieron una advertencia directa, señalando que podrían responder si Israel continúa con los ataques sobre Líbano.
En un comunicado difundido por la televisión estatal, la organización acusó a Estados Unidos de violar acuerdos internacionales y advirtió que, de persistir la ofensiva, cumplirán con su “deber” de dar una respuesta, elevando el riesgo de una escalada mayor en la región.