Un dirigente cocalero pidió asilo político para Evo Morales en una asamblea del Trópico de Cochabamba. Elmer Lizarazu, de la Central Ivirizo Vandiola, planteó levantar las vigilias y buscar refugio internacional para el exmandatario, argumentando que la movilización permanente está agotando económica y socialmente a las bases cocaleras. Podrá ser una voz solitaria, pero fue levantada en un ampliado, no en un pasillo. Podrá ser tildado de opositor, de derechista, de terrorista sindical —como él mismo advierte que ocurre con quien piensa diferente en el Chapare—, pero su palabra expresa lo que miles de cocaleros sienten y callan: el hartazgo de vivir encerrados, estigmatizados como narcotraficantes, sacrificando sustento y libertad por proteger a un solo hombre. El timing es revelador. Este pedido llega días después del triunfo de Leonardo Loza en la gobernación de Cochabamba, victoria que supuestamente debía oxigenar al evismo. Sin embargo, todo indica lo contrario: el ciudadano de Orinoca pierde fuerza, y las grietas ya suenan desde adentro de su propio bastión.