En política, como en el matrimonio, el inicio suele ser ciego y complaciente. Todo parece funcionar, incluso cuando hay señales evidentes de desgaste. Así arrancó la gestión de Rodrigo Paz, con una ciudadanía hastiada del MAS y dispuesta a creer. Pero, como ocurre cuando se acaba la luna de miel, los datos empiezan a hablar más fuerte que las expectativas. La última encuesta de Ipsos Ciesmori confirma el quiebre: la percepción de que el país va en la dirección correcta cayó 10 puntos, de 63 % en febrero a 53 % en marzo. El respaldo al mandatario también se redujo a 60 %, acumulando una caída sostenida desde enero. A esto se suma el deterioro institucional, con la aprobación del gobierno bajando de 55 % a 43 % y la desaprobación subiendo a 39 %. El golpe es más notorio en Santa Cruz, donde la percepción positiva cayó de 75 % a 60 %. No es un detalle menor: es una región que exige resultados concretos, especialmente en lo económico. Aquí no bastan los discursos, menos aún si persisten problemas como el combustible de mala calidad. Cuando termina la luna de miel, lo que queda es la realidad. Y esta empieza a pasar factura.