Además de pagar a los dueños de los automotores dañados por la mala gasolina, no se sabe con qué dinero, el gobierno necesita frenar en seco el ingreso de esa gasolina y castigar a los responsables.
Cuando el país se paraliza poco a poco por este problema, siguen llegando de Chile camiones cisterna cargados con esa gasolina, como se comprobó en Senkata esta misma semana.
Para decir yo no fui, el gobierno es muy bueno y comenzó diciendo que la gasolina mala fue comprada por Luis Arce, lo que resultó siendo falso, y debe haber sido algún descuido del expresidente, que cometió todos los demás delitos conocidos.
El camión cisterna que traía 32.751 litros desde Iquique fue frenado en las puertas de Senkata, lo que revela que había pasado sin problemas todos los controles previos, desde la frontera y sus angurrientos aduaneros, hasta los puestos donde dormitan, pero cobran, los policías de turno.
Todos esos controles obedecen, hay que suponer, al gobierno boliviano, pero esta vez se ha comprobado que tienen otros patrones que pesan más, o que mandan más.
Y esto nos lleva a preguntar quien, realmente, está manejando el país desde noviembre, cuando, según se supone, el MAS fue desplazado del gobierno después de veinte años de haberlo controlado, violado y prostituido.
Lo del camión cisterna es un detalle muy revelador, pero hay otros detalles que aumentan el interrogante, comenzando por la realidad idílica que vive el poder del narcotráfico en todos los territorios que controla en el país.
La semana pasada, un comando de Umopar fue emboscado en Villa Tunari, con resultado de tres policías heridos, pero ni la policía ni el gobierno dijeron nada, ni ordenaron, como correspondía, tomar por la fuerza todo el Chapare.
Aparte del miedo, o de los compromisos que puedan existir, esto muestra que el Estado boliviano, o lo que queda de él, ha terminado por reconocer al Chapare el estatus de territorio ajeno a la soberanía nacional.
Y también a todos los demás territorios dominados por los narcos, como los parques Amboró, Abapó y varios otros donde la policía no tiene pisada ni las leyes bolivianas tienen validez.
O es que ha llegado el momento de preguntar si Bolivia pasó de ser una república a ser un Estado plurinacional, salvo que, para ahorrar palabras, ahora sea Estado binacional, con territorios por definirse.
Un problema que pronto podrían encarar la OEA o las Naciones Unidas, por la aparición de dos soberanías en un solo territorio.
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