Editorial

La raíz de todos los males

El problema de la calidad de la gasolina, que ya lleva dos meses sin solución y que cada vez genera más conflictos, revela algo más profundo que una simple falla técnica o administrativa....

Editorial | | 2026-03-12 07:25:14

El problema de la calidad de la gasolina, que ya lleva dos meses sin solución y que cada vez genera más conflictos, revela algo más profundo que una simple falla técnica o administrativa. Muestra el verdadero problema estructural de la economía boliviana: el estatismo.

Durante semanas se ha discutido si la gasolina tiene problemas con los aditivos, si fue mal importada o si hubo fallas en el control de calidad. Sin embargo, lo más sorprendente no es el error en sí, sino la incapacidad del aparato estatal para explicar qué ocurrió y, peor aún, la ineptitud para corregirlo. Un problema relativamente simple se convierte en un misterio burocrático que se prolonga indefinidamente.

Eso sucede porque en la lógica del estatismo no existen consecuencias reales por equivocarse. El Estado puede fallar, retrasarse, improvisar o incluso ignorar un problema durante meses sin que el sistema se vea obligado a reaccionar con rapidez. No estamos hablando solo de un monopolio, sino de un modelo donde quienes toman decisiones no enfrentan los costos de sus propios errores.

En el sector privado la realidad es otra. Una empresa que vende un producto defectuoso pierde clientes, dinero y credibilidad. La presión del mercado obliga a reaccionar inmediatamente. En el aparato estatal esa presión no existe. El dinero no es de quien decide, el cliente no puede elegir otro proveedor y la institución no enfrenta la posibilidad de desaparecer por su ineficiencia.

Lo que este episodio revela es la naturaleza misma del sistema. En el Estado no hay cálculo económico real. Las decisiones no se toman en función de precios, pérdidas o ganancias claras, sino dentro de una estructura administrativa donde el costo de equivocarse se diluye en el presupuesto público.

Tampoco existe un verdadero cálculo costo-beneficio. Muchas decisiones se toman por procedimientos burocráticos, informes o normas internas, pero pocas veces se mide con claridad si la decisión fue útil, eficiente o siquiera necesaria. El resultado es un sistema que puede seguir tomando decisiones incorrectas sin que nadie determine con precisión el daño causado.

A esto se suma otro elemento fundamental: la ausencia de responsabilidad personal. En el mundo empresarial, quien se equivoca paga el precio. Puede perder su capital, su puesto o incluso su empresa. En la burocracia estatal los errores rara vez tienen consecuencias directas. El funcionario puede continuar en su cargo, trasladarse a otra oficina o diluir la responsabilidad en una cadena administrativa interminable.

En ese contexto la corrupción aparece como la cereza sobre la torta. No siempre es la causa inicial del problema, pero sí el resultado natural de un sistema donde el poder está concentrado en oficinas públicas que controlan recursos, autorizaciones y monopolios.

El caso de la gasolina ilustra perfectamente esa dinámica. Cuando la importación, distribución y control del combustible están concentrados en una sola empresa estatal, desaparece la competencia. Y cuando no hay competencia, tampoco hay incentivos para mejorar la eficiencia, la calidad o la transparencia.

El caso de la gasolina ilustra perfectamente esa dinámica. Cuando la importación, distribución y control del combustible están concentrados en una sola empresa estatal, desaparece la competencia. Y cuando no hay competencia, tampoco hay incentivos para mejorar la eficiencia, la calidad o la transparencia.