
Una filtración de más de 1.400 documentos internos reveló la existencia de una amplia red de operaciones de desinformación vinculada al Kremlin que habría desplegado campañas mediáticas y acciones políticas en al menos 30 países de América Latina, África y Medio Oriente. Entre las naciones mencionadas en los informes aparece Bolivia, identificada como uno de los puntos estratégicos en Sudamérica.
La investigación periodística, publicada por el consorcio Forbidden Stories, señala que estas operaciones fueron coordinadas por una organización conocida como “La Compañía”, una estructura de inteligencia creada originalmente por el empresario ruso Yevgeny Prigozhin, antiguo jefe del grupo paramilitar Wagner y cercano al gobierno de Vladimir Putin.
Según los documentos, esta red destinó alrededor de 7,3 millones de dólares entre enero y octubre de 2024 para financiar campañas de influencia en medios de comunicación, redes sociales y espacios políticos con el objetivo de fortalecer la presencia internacional de Moscú y debilitar la influencia de países occidentales.
El informe identifica a Argentina y Bolivia como los dos países sudamericanos resaltados en el mapa estratégico de estas operaciones. En ambos casos, las acciones habrían estado orientadas a moldear la opinión pública y a promover narrativas favorables a los intereses geopolíticos rusos.
En el caso boliviano, los archivos indican que la organización intervino en el contexto de la crisis política posterior al intento de golpe denunciado por el gobierno del entonces presidente Luis Arce. Según los reportes, especialistas vinculados a la red habrían sido enviados a La Paz para diseñar estrategias comunicacionales y controlar la narrativa mediática durante el conflicto.
Uno de los nombres mencionados en los documentos es el de Sergei Vasilievich Mashkevich, señalado como responsable de coordinar la llegada de expertos a Bolivia y de planificar las acciones destinadas a mitigar el impacto político y mediático de la crisis.
Los documentos también describen el funcionamiento general de estas operaciones. La estrategia consistía en identificar actores políticos locales, establecer vínculos con líderes de opinión y luego desplegar campañas informativas destinadas a amplificar determinadas narrativas en medios y redes sociales.
Estas acciones formaban parte de un programa global denominado “Sur Global”, que buscaba consolidar alianzas políticas y debilitar la presencia de potencias occidentales en regiones consideradas estratégicas por Moscú.
El modelo de intervención fue probado inicialmente en África, especialmente en la República Centroafricana, donde la red financió medios de comunicación, campañas propagandísticas y proyectos políticos que reforzaran la influencia rusa en el continente.
Posteriormente, el mismo esquema fue replicado en otros países africanos y en naciones de América Latina, donde los documentos mencionan pagos a periodistas, campañas digitales coordinadas y acciones simbólicas destinadas a instalar mensajes políticos específicos.
Aunque algunos de los informes podrían exagerar los resultados de estas operaciones, los investigadores sostienen que los archivos permiten observar la estructura y el alcance de un sistema organizado de influencia internacional que combina propaganda, financiamiento mediático y presión política.
Tras la muerte de Prigozhin en agosto de 2023, la red no desapareció. Los documentos indican que la organización fue reestructurada y pasó a operar bajo supervisión más directa del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (SVR), manteniendo sus actividades en diversas regiones del mundo.
La aparición de Bolivia en estos archivos abre un nuevo capítulo en el debate sobre la influencia de actores externos en la política latinoamericana y plantea interrogantes sobre el alcance real de las operaciones de desinformación en la región.