Editorial

El modelo venezolano

El término "modelo venezolano" ha dado un giro radical. Ya no nos referimos al experimento fallido del chavismo sino a la arquitectura política que Donald Trump ha comenzado a proyectar sobre la región...

Editorial | | 2026-03-08 08:51:10

El término "modelo venezolano" ha dado un giro radical. Ya no nos referimos al experimento fallido del chavismo sino a la arquitectura política que Donald Trump ha comenzado a proyectar sobre la región: una democracia tutelada. Se trata de un esquema de gobernanza bajo vigilancia, supervisión y dirección estratégica de la Casa Blanca. Ante la pregunta de si este modelo funcionará, la historia, más que la ideología, parece darnos una respuesta afirmativa.

El concepto de "tutela" no es una novedad, sino el eje de la era más próspera de la humanidad. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos no solo venció a sus enemigos, sino que los civilizó. Japón y Alemania son los ejemplos supremos. Antes de la intervención estadounidense, eran potencias genocidas e invasoras; bajo la supervisión de Washington, se transformaron en milagros económicos y democráticos. Lo mismo ocurrió con Corea del Sur, que pasó de la miseria de la guerra a la vanguardia tecnológica, o con el ascenso de Singapur. Incluso China, que debe su salida de la catástrofe humanitaria de Mao a la reconducción capitalista impulsada por la apertura e inversión estadounidense.

A diferencia de otros imperios como el ruso o el chino, que allí donde intervienen dejan un rastro de pobreza, extracción y conflicto, el "imperio norteamericano" ha actuado históricamente como un imperio civilizatorio. La realidad es que el orden de la posguerra, bajo el ala de Washington, introdujo niveles de paz y estabilidad sin precedentes en Europa y Asia.

Hoy, ese modelo de supervisión externa se plantea como la receta para países que, por sí solos, han demostrado ser crónicamente inestables. En Medio Oriente, la influencia de EE. UU. ha sido el baluarte que permitió el florecimiento de enclaves de modernidad en la Península Arábiga. Si bien la región es compleja, la trayectoria indica que el orden estadounidense es el único capaz de contener el caos.

En América Latina, la evidencia de que "no podemos solos" está forzando un realismo político pragmático. Desde la Argentina de Milei hasta el Ecuador de Noboa, pasando por Paraguay, los gobiernos están aceptando que la presencia de Estados Unidos es un factor preponderante y necesario, especialmente en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Incluso México, tras décadas de retórica soberanista, ha tenido que colaborar estrechamente en capturas de alto nivel, como la reciente de "El Mencho", reconociendo implícitamente que la metodología de la cooperación supervisada es la única efectiva.

El "modelo venezolano" que podría aplicarse en Irán o Cuba, es una respuesta a la incapacidad de las élites locales para garantizar la ley y el orden. Si este modelo logra consolidarse en Venezuela se convertirá en la receta ideal para regiones que necesitan, urgentemente, un árbitro con autoridad. La historia no miente: la tutela, cuando proviene de una potencia que exporta libertad de mercado y estado de derecho, no es una invasión, es una oportunidad de reconstrucción.

¿Funcionará el modelo venezolano? Si juzgamos por el legado de los últimos 80 años, la respuesta es que ya ha funcionado antes, y el mundo está esperando que funcione de nuevo.