En política existe un reflejo casi automático: cuando aparece un problema, se busca a quién culpar. El gobierno de Rodrigo Paz parece decidido a perfeccionar ese arte. El caso de la gasolina es un ejemplo claro. El ministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinaceli, aseguró ante el Senado que los problemas con la calidad del combustible ya se conocían desde septiembre de 2025, durante el gobierno de Luis Arce. Según su versión, esa alerta nunca fue comunicada al equipo de transición y sería prueba de un supuesto “boicot”. El argumento puede ser políticamente útil, pero tiene un inconveniente: mientras se buscan responsables en el pasado, las filas en los surtidores continúan en Santa Cruz y La Paz. La realidad cotidiana de los conductores no se resuelve con explicaciones. El propio Senado reflejó ese malestar. Varios legisladores calificaron de insuficiente el informe del ministro y anunciaron nuevas interpelaciones. Culpar al pasado puede explicar el origen de un problema. Pero gobernar implica algo más difícil: resolverlo. Y cuando las colas siguen creciendo, el relato comienza a agotarse.