Nuevo Paradigma

Políticas de comercio exterior y su importancia

Políticas de comercio exterior y su importancia
Gustavo Adolfo Aponte Zambrana | Columnista
| 2026-03-05 07:15:32

En artículos anteriores señalamos que el crecimiento económico, medido por el PIB, depende de tres motores: exportaciones, inversión (nacional y extranjera) y un consumo interno saludable. En esta oportunidad nos concentramos en el comercio exterior, particularmente en exportaciones y turismo, sectores que generan ingresos y divisas para el país. Las importaciones, aunque restan en el cálculo del crecimiento y presionan las reservas, también generan ingresos fiscales y permiten el acceso a insumos, bienes de capital y productos de salud que Bolivia no produce.

El comercio exterior está condicionado por variables clave, entre ellas el tipo de cambio. Desde 1982 he propuesto un sistema de flotación sucia. Una moneda sobrevaluada —dólar barato— encarece nuestras exportaciones y el turismo, mientras abarata las importaciones. Una moneda depreciada —dólar caro— puede estimular exportaciones, pero también impacta en precios internos. Hoy, con un boliviano nuevamente apreciado, se repite el problema: exportar se vuelve más difícil y Bolivia resulta costosa para el visitante extranjero.

Propongo, en coordinación con el Banco Central de Bolivia, la creación de un Gabinete Multiinstitucional Cambiario (GMC). Este debería integrar al sector privado (exportadores, turismo, empresarios, MyPE) y al sector público (Cancillería, Economía, Planificación, Desarrollo Productivo y Turismo, además de gobernaciones). Su función sería aportar información estratégica para que el BCB defina un tipo de cambio competitivo, realizar ajustes frente a desequilibrios con países vecinos, evaluar costos internos y proponer medidas para eliminar trabas y barreras que afecten exportaciones y turismo.

Sin embargo, un tipo de cambio adecuado no basta si no se reestructura la política exterior. La Cancillería debe dejar la ideologización y asumir una lógica de Realpolitik, transformándose en una máquina de promoción de la oferta exportable y turística. Es indispensable un catálogo ampliado, impreso y digital, promocionado en redes y medios internacionales, en coordinación con el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE). Deben incluirse no solo productos tradicionales, sino también exportaciones menores con potencial, diversificando riesgos.

Los consulados y agregados comerciales deben actuar como punta de lanza en mercados identificados como estratégicos. Su tarea no es protocolar, sino operativa: promover exportaciones, atraer turismo e inversión y servir de puente para empresarios bolivianos. El propio Presidente debe asumir un rol activo como principal promotor internacional.

En el plano regional, es fundamental consolidar el Mercosur para facilitar el libre flujo de bienes, impulsar el acuerdo comercial con la Unión Europea, que abre acceso preferencial a un mercado de 700 millones de consumidores, y renegociar con Estados Unidos condiciones arancelarias más favorables. La apertura de mercados debe ser política de Estado.

La infraestructura es otro pilar crítico. En lugar de invertir en obras improductivas, se debe priorizar carreteras de primer nivel en corredores de exportación que no puedan ser bloqueados. Bolivia ha quedado marginada de circuitos viales y ferroviarios continentales por conflictos y falta de continuidad logística. Es imprescindible mantener y ampliar rutas nacionales e interdepartamentales estratégicas, fortalecer los puertos de la hidrovía Paraguay–Paraná con conexiones férreas al Atlántico y mejorar la logística hacia puertos chilenos y peruanos, resolviendo cuellos de botella aduaneros y problemas de infraestructura.

Asimismo, el proyecto Viru Viru Hub para carga y pasajeros debe consolidarse para facilitar exportaciones aéreas competitivas. El objetivo central es reducir costos de fletes, seguros y transporte interno para aprovechar nuestras ventajas comparativas y acceder a mercados regionales y globales.

El financiamiento también es determinante. Se requiere acceso a maquinaria y tecnología de punta, incluyendo automatización e inteligencia artificial. Deben mantenerse tasas preferenciales para industria, construcción, exportación y turismo, apoyándose en organismos internacionales como Banco Mundial, BID y CAF, además de recursos internos como las AFP/Gestoras. Es clave despolitizar el Banco de Desarrollo Productivo para canalizar créditos hacia sectores generadores de divisas.

Finalmente, ningún paradigma económico funcionará sin estabilidad política e institucional. Se necesitan instituciones fuertes, independientes y eficaces, especialmente en el ámbito judicial y electoral, para garantizar seguridad jurídica. Con una amplia mayoría legislativa disponible, es momento de impulsar reformas profundas que acompañen este nuevo modelo.

El cambio debe ser estructural. Sin estabilidad, competitividad, apertura y reglas claras, Bolivia seguirá perdiendo oportunidades. Con decisión política, coordinación público-privada y visión estratégica, el comercio exterior puede convertirse en el motor que reactive la economía y reposicione al país en el mundo.

Gustavo Adolfo Aponte Zambrana | Columnista
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