
El peor pronóstico se ha confirmado: Rodrygo sufre una rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco externo de la rodilla derecha. Una lesión gravísima que le obligará a estar entre diez y doce meses de baja. Se despide de la temporada, del Mundial… y de buena parte del próximo curso.
El golpe es durísimo, tanto en lo deportivo como en lo anímico. El vestuario, ya tocado, ha vivido una jornada marcada por la preocupación y la incertidumbre tras lo sucedido con su compañero. Nadie esperaba un desenlace de esta magnitud.
Todo se originó en el partido ante el Getafe, este lunes 2 de marzo. Corría el minuto 66 cuando, en una acción aparentemente rutinaria con Adrián Liso, Rodrygo recibió en banda izquierda, apoyó para arrancar… y la pierna se le quedó enganchada. El dolor fue inmediato. Se llevó la mano a la zona, cojeó y acabó en el suelo durante unos segundos.
Sin embargo, logró reincorporarse y continuó jugando durante casi media hora más, incluso participando en acciones ofensivas de peligro. Un detalle que hace aún más desconcertante el diagnóstico final. Queda la duda de si la rotura ya era completa en ese momento o si el esfuerzo posterior agravó una lesión inicial menor.
Tras el encuentro, el brasileño comunicó sus molestias en el vestuario. Los servicios médicos realizaron una primera exploración y lo citaron para pruebas al día siguiente. La preocupación, inicialmente moderada, fue en aumento con el paso de las horas, especialmente al comprobar que el dolor se intensificaba.
Este martes, las pruebas médicas confirmaron la peor noticia posible: rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco. Diagnóstico devastador.
Se trata de la primera lesión grave en la carrera de Rodrygo, que hasta ahora apenas había sufrido contratiempos físicos de larga duración. El impacto es total: no volverá a jugar esta temporada, se pierde el Mundial —a solo 100 días de su inicio— y tampoco estará disponible en el arranque del próximo curso.