La reciente liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo, que estuvo secuestrado en Venezuela durante más de un año, confirmó que el fútbol no solo se juega en la cancha, sino también en los márgenes del poder. En un país acostumbrado a ver a Lionel Messi o Diego Maradona romper defensas con amagues imposibles, esta vez fue la Asociación del Fútbol Argentino la que ejecutó la maniobra decisiva. Mientras la diplomacia formal acumulaba gestiones sin resultado, la AFA abrió un canal inesperado, silencioso y eficaz. Donde no llegaron cancillerías ni discursos, llegó el fútbol, con su lenguaje universal y su capacidad de generar confianza incluso entre adversarios. La AFA activó sus propios canales a través de su presidente Claudio Tapia y su par venezolano, Jorge Giménez Ochoa, con acceso directo al poder político de ese país. La operación se ejecutó al margen de los gobiernos, la policía y la justicia, pues la AFA incluso facilitó un avión privado para el traslado de Gallo. Sin duda alguna, un golazo que merece ser celebrado.