
La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel entró este lunes (02.03.2026) en una fase de máxima tensión tras la amenaza de Teherán de cerrar el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. El conflicto, que ya deja cientos de muertos, amplía su radio de impacto político, militar y económico.
Un general de la Guardia Revolucionaria iraní, Ebrahim Yabari, advirtió que no permitirán que “ni una sola gota de petróleo” salga de la región y amenazó con prender fuego a cualquier embarcación que intente cruzar el estrecho. La agencia oficial Tasnim incluso tituló que el paso marítimo está cerrado, aunque no hubo confirmación independiente inmediata.
La advertencia sobre Ormuz encendió las alarmas en los mercados internacionales, dado que se trata de una de las rutas energéticas más importantes del planeta. Un eventual bloqueo podría disparar los precios del crudo y agravar la inestabilidad económica global.
En paralelo, Estados Unidos elevó a seis la cifra de soldados muertos en el conflicto tras recuperar los cuerpos de dos militares desaparecidos durante los primeros ataques iraníes. El Comando Central confirmó que continúan “operaciones de combate importantes”, sin detallar ubicaciones específicas.
El secretario de Estado, Marco Rubio, defendió la ofensiva lanzada el sábado contra Irán y la calificó como “preventiva”. Según explicó, Washington tenía información de que Teherán planeaba atacar primero posiciones estadounidenses en la región. “Si esperábamos ese ataque, habríamos sufrido muchas más bajas”, sostuvo.
Rubio también negó que Estados Unidos haya atacado deliberadamente una escuela en territorio iraní, luego de que autoridades de Teherán denunciaran la muerte de más de un centenar de personas en un bombardeo el fin de semana. La versión iraní no ha podido ser verificada de manera independiente.
Por su parte, los Guardianes de la Revolución advirtieron que los estadounidenses “ya no estarán a salvo en ningún lugar del mundo”. La Fuerza Quds aseguró que no descansará hasta derrotar al enemigo, en una señal de que el conflicto podría extenderse más allá del Medio Oriente.
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, afirmó que su país no permanecerá “en silencio” ante los ataques que —según denunció— alcanzaron una escuela y un hospital. “El mundo debe condenar esos actos”, expresó, prometiendo que Irán no cederá frente a lo que calificó como crímenes.
Mientras tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que la operación militar podría extenderse más de cinco semanas. “Lo que sea necesario”, afirmó desde la Casa Blanca, dejando abierta la posibilidad de una campaña prolongada tras la muerte del líder supremo iraní, Alí Jameneí.
El conflicto también se expandió al Líbano, donde bombardeos israelíes dejaron al menos 52 muertos y 154 heridos, según autoridades locales. Las explosiones alcanzaron el sur del país, el valle de la Bekaa y suburbios de Beirut, en un frente que amenaza con regionalizar aún más la guerra.
En el plano diplomático, China dio un paso al frente. El canciller Wang Yi expresó a su homólogo iraní el respaldo de Pekín a la soberanía y la integridad territorial de Irán, y calificó la ofensiva de Estados Unidos e Israel como una violación del derecho internacional. Además, pidió el cese inmediato de las operaciones militares.
Con amenazas de bloqueo petrolero, advertencias de represalias globales y un creciente involucramiento de potencias internacionales, el conflicto entra en una etapa crítica. La posibilidad de una escalada mayor ya no es una hipótesis remota, sino un riesgo concreto para la estabilidad de todo Oriente Medio y del sistema internacional.