Contrariamente a lo que sucede cuando un nuevo gobierno asume el poder, el que encabeza Rodrigo Paz no aplicó la masacre blanca. En las entidades del Estado, como también en las empresas públicas, el personal de mandos medios continúa en servicio. Solo en casos puntuales —EMAPA y, desde hace pocos días, YPFB— se aplicaron juicios penales y despidos; en general, la remoción administrativa es lenta. La condición de militante —en posesión de la llave maestra para ocupar un cargo— no funciona; por el contrario, se aplican ascensos y traslados a los funcionarios antiguos.
Esta situación especial puede explicarse de dos maneras. La primera, porque el Partido Demócrata Cristiano (PDC) no es un partido político de masas. Su participación en el pasado fueron intentos frustrados, como lo sucedido en las elecciones generales de 2019, en las que obtuvo 539 mil votos (8,78%), resultado atribuible al proselitismo del candidato más que al esfuerzo de las bases del partido.
Al iniciarse la campaña para las elecciones de 2025, el PDC alcanzaba —sumados los simpatizantes— a cien mil personas con intención de voto favorable. No obstante, en la primera vuelta sumó 1,7 millones de votos. En la segunda vuelta fue concluyente: ganó la presidencia con 3,5 millones; y bien se sabe que los votos nulos, bajo el dominio de Evo Morales, tuvieron mucho que ver con la proclamación de los ganadores.
Pasan los meses y los empleados antiguos continúan en sus cargos; un ministro reconoció la magnitud del asunto y explicó que no tiene gente con experiencia en administración pública para sustituirlos. Incluso en el servicio exterior no se designan embajadores.
La segunda razón que podría explicar esa inamovilidad funcionaria es que el apoyo de los masistas a Edman Lara no fue gratuito; se habla de “pactos” que involucran a Paz Pereira, quien estaría ligado a esas circunstancias. Sin embargo, declara que se encontró con una cloaca. La pregunta se propaga: ¿por qué sigue rodeado de los pestilentes inmersos que fueron parte de esa burocracia, de la cual se dice que fue la más corrupta de la historia nacional?
Todo este aspecto se hizo más notorio por el caso de las “treinta y dos maletas” y la venta de “gasolina basura”; ambos escándalos conectados a la cadena de corrupción que, por lo visto y escuchado, incluiría a funcionarios operativos, a los niveles jerárquicos de decisión y también a los altos mandos; se insinúa encubrimiento; para otros, es sabotaje.
Entretanto, el Poder Ejecutivo está dedicado a temas estructurales, como la provisión de combustible y la disponibilidad de dólares; negocia algunas medidas tributarias, y dependerá, a tal efecto, de un Poder Legislativo cada vez más indolente y disperso.
La opinión pública vive impaciente, abrumada por la inmediatez de las redes sociales que denuncian, sin tapujos, la actuación confusa de jueces y fiscales. A pesar del optimismo de los discursos oficiales, conviene tener presente que el cambio de realidad es todavía frágil y que las ideologías sobreviven a sus derrotas.