
El Bodø/Glimt firmó este martes la mayor hazaña de su historia. Conquistó San Siro, aprovechó un regalo de Manuel Akanji y sentenció con un golazo de Evjen para tumbar al Inter de Milán (1-2, 5-2 en el global) y clasificarse por primera vez a los octavos de final de la Liga de Campeones de la UEFA. Una nueva confirmación de que el conjunto noruego es la gran revelación del torneo.
El Bodø congeló San Siro. Heló al Inter en su propio templo. La empresa ‘nerazzurra’, aunque complicada tras la ida, parecía posible: el último finalista podía forzar al menos la prórroga con dos goles. No era una quimera. Pero se topó con la frialdad de un equipo moldeado en el círculo polar ártico, imperturbable en el escenario más exigente.
Lejos de su césped artificial y de su clima habitual, el Bodø demostró que tiene mucho más que contexto. Sufrió en el arranque, sí, pero nunca perdió el orden ni la calma. No le quemó el balón. Supo cuándo resistir y cuándo salir con sentido al contragolpe. Y, sobre todo, no perdonó cuando tuvo su oportunidad. En el cómputo global, su pase fue merecido.
El Inter presentó batalla, aunque le faltó pegada. La ausencia de Lautaro Martínez pesó demasiado. También se echaron en falta referentes en momentos clave. El equipo de Chivu monopolizó la posesión y acumuló ocasiones, pero sin la precisión necesaria. Dimarco fue el más incisivo: de su zurda nacieron los centros más peligrosos, incluido un cabezazo de Pio Esposito y otro de Frattesi que obligaron a Haikin a lucirse con intervenciones decisivas.
El asedio fue total en la primera mitad. El Bodø apenas inquietó, pero transmitía la sensación de que podía resistir. Y cuando los nervios empezaban a apoderarse del estadio, llegó el golpe definitivo.
Akanji, uno de los más fiables durante la temporada, se enredó en la salida de balón y dejó servido un contragolpe mortal. Blomberg probó primero; Sommer salvó. Pero el rechace cayó a Hauge, que empujó a placer en un estadio que conoce bien. Jarro de agua helada para el Inter.
El tanto abrió la herida. El Inter se volcó con todo, pero volvió a quedar expuesto. En otro ataque aislado y perfectamente ejecutado, Hauge asistió y Evjen fusiló a Sommer con un disparo imparable. La eliminatoria quedó sentenciada.
Akanji rozó la redención con un disparo al palo y Bastoni maquilló el marcador en el 76, pero el tiempo ya no alcanzó. San Siro asistió, incrédulo, a la consagración de un equipo valiente, disciplinado y letal.
La gesta fue amarilla. Fue noruega. Fue del Bodø/Glimt, el pequeño club del círculo polar ártico que derribó a uno de los gigantes de Europa en su propia casa para escribir la página más gloriosa de su historia.