Editorial

La confirmación de la sepultura del MAS

La encuesta recientemente revelada por la red UNITEL es la confirmación empírica de un proceso político que comenzó a consolidarse en las elecciones generales de 2025...

Editorial | | 2026-02-22 08:53:36

La encuesta recientemente revelada por la red UNITEL es la confirmación empírica de un proceso político que comenzó a consolidarse en las elecciones generales de 2025: el rechazo ciudadano al MAS no fue un hecho circunstancial, sino el inicio de un desplazamiento estructural del poder político. Los datos son inequívocos. El país ha cambiado de rumbo.

La encuesta revela que el edificio político masista sigue en franco deterioro. En Cochabamba, el candidato más representativo del evismo, Leonardo Loza, apenas alcanza el 16,8% de intención de voto para la gobernación. Ese dato, lejos de ser una fortaleza, refleja una debilidad profunda. Cochabamba fue durante años un bastión indiscutible del MAS, un territorio donde el liderazgo de Evo Morales era incuestionable. Hoy, ni siquiera su heredero político más fiel logra acercarse al 20%.

La situación es aún más reveladora en La Paz, donde ningún candidato vinculado al MAS y los sectores “populares” logra consolidar una ventaja significativa. En El Alto, símbolo histórico del ascenso político de los movimientos sociales que dieron origen al MAS, el rechazo es más evidente que nunca: ningún candidato supera el 7%.

En contraste, el liderazgo político se ha desplazado con claridad hacia el oriente del país, particularmente hacia Santa Cruz. Allí, el gobernador Luis Fernando Camacho encabeza la intención de voto con un sólido 29,3%, seguido por Juan Pablo Velasco con un significativo 19%. El postulante a la alcaldía, Mamén Saavedra, arrasa con el 66%. Estos números reflejan la consolidación de una nueva élite política que ha construido su legitimidad sobre la base de la oposición frontal al MAS. Santa Cruz ya no es solo un polo económico; es el nuevo centro gravitacional del poder político nacional.

El dato más revelador de la encuesta no es quién lidera, sino quién ha dejado de liderar. El MAS, que durante años dominó el mapa político nacional, hoy aparece relegado a posiciones marginales. Incluso cuando encabeza algún resultado parcial, como en Cochabamba, lo hace con porcentajes débiles, insuficientes para garantizar una victoria sólida.

Las elecciones subnacionales del 22 de marzo no serán simplemente un proceso administrativo para elegir autoridades regionales. Serán, en esencia, la confirmación de una transformación histórica. Si las tendencias actuales se consolidan, Bolivia estará presenciando el cierre definitivo de un ciclo político que marcó una era.

La política boliviana está entrando en una nueva etapa. Los nuevos liderazgos no provienen de la vieja estructura sindical ni de los movimientos sociales tradicionales. Emergen de regiones dinámicas, con discursos distintos y visiones alejadas del paradigma estatista que dominó el país durante años.

La sepultura política del MAS, más que una metáfora, se perfila como una realidad estadística. El país ha comenzado a caminar hacia un nuevo mapa político, donde la izquierda que dominó el poder durante casi una generación ha dejado de ser protagonista para convertirse, apenas, en un recuerdo de su propia historia.

La sepultura política del MAS, más que una metáfora, se perfila como una realidad estadística. El país ha comenzado a caminar hacia un nuevo mapa político, donde la izquierda que dominó el poder durante casi una generación ha dejado de ser protagonista para convertirse, apenas, en un recuerdo de su propia historia.