“Mi amigo tenía una viña en una loma fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con cepas escogidas; edificó una torre en medio de ella y también excavó un lagar. Él esperaba que diera uvas, pero dio frutos agrios”. (Isaías 5,1-2).
Considerando que no existían en tiempos bíblicos los combustibles modernos ni los motores a gasolina y diésel, es un desafío elegir una cita bíblica apropiada para iluminar el tema. He optado por la alegoría de los frutos agrios en Isaías, porque la mala calidad del combustible en Bolivia nos ocasiona una experiencia decepcionante similar. Después de dos años con largas colas y escasez, seguimos con una pésima calidad de combustibles que provoca daños en los motores. Es una experiencia bastante agria.
El 3 de noviembre pasado, al aprovechar el nuevo surtidor en Miraflores, cerca del Cerro San Jorge, saqué una foto de la bomba de combustibles por lo que decía abajo:
“ANH: Agencia Nacional de Hidrocarburos. Biocombustible: energía limpia que fluye para Bolivia”.
Sencillamente, no es “energía limpia”. Es probable que la suspensión inmediata del uso de biocombustible solucione nuestro problema.
La Diócesis de San Ignacio mantiene todas las movilidades que ponemos a disposición de nuestras parroquias, además de la maquinaria para nuestras estancias ganaderas. Tenemos nuestro propio taller de mecánica y usamos otros de confianza. Sufrimos en gran medida los daños provocados por la pésima calidad del combustible.
Hace unos meses compramos un aparato especial precisamente para filtrar el diésel de los tractores. Quien nos vendió el aparato (y repara algunos de nuestros motores) nos indicó la fuente del problema: biocombustible sucio, producido en Bolivia y mezclado con lo importado y refinado desde el petróleo. Merece ser investigado.
Asimismo, es probable que la escasez, al provocar el vaciado total de los almacenes en los surtidores, haya contribuido al bombeo de sedimentos a las movilidades, motos y bidones. ¿Con qué frecuencia limpian estos tanques?
Lamentablemente, no tenemos cómo filtrar la gasolina que va directamente al tanque del motorizado y rápidamente supera los filtros internos y arruina la bomba. Hemos sufrido la destrucción de bombas nuevas con un solo llenado. En cambio, al comprar el diésel en volumen, podemos filtrarlo antes de dañar los sistemas de inyección. Sin embargo, es una solución costosa que no todos están en condiciones de asumir y que ningún consumidor debería tener que aplicar.
A esto se añade el colorante añadido en algunas zonas bajo el pretexto de evitar el desvío del combustible para el contrabando y la producción de cocaína. La medida no convence, pues no parece tener efecto alguno contra estos males. Pero sí perjudica a todos los que utilizamos los combustibles para fines legales.
El biocombustible parece, de por sí, una buena idea, siempre que su producción sea eficiente. En Bolivia suele ser creado a partir de la soya. San Ignacio de Velasco se ha convertido en el epicentro de la deforestación en Bolivia por la expansión de la soya. Sacrificamos el hábitat del jaguar, puma, jaguarundí, oso hormiguero, perro venadero, ciervo, tejón, monos y muchas otras especies. Los ganaderos convivimos con estas especies a pesar del peligro para los terneros, porque dejamos mucho bosque y agua para el ganado. Los soyeros arrasan con toda la selva.
Sería mejor usar caña de azúcar, y mejor aún campos con paneles solares, que son entre 20 y 100 veces más eficientes que la producción agrícola de biocombustible. También podemos ponerlos en los techos, parqueos y muchos lugares que no perjudiquen a nadie.
Para producir biocombustible, se necesita mucho combustible. Además de la parte agronómica, hay que producir fertilizantes y herbicidas. Luego se utiliza mucha energía para convertir el material vegetal en combustible útil para motores. ¿Qué hacen con los desechos?
Utilizar diésel sucio para producir más diésel sucio es un negocio sucio. Es como producir uvas agrias en vez de un buen vino. Recuerda el vinagre que dieron a Jesús en la cruz. No está claro si era un calmante u otra tortura más.
En los EE. UU. tampoco hay claridad sobre el tema. Durante un tiempo, el gobierno nacional subvencionaba la producción de etanol con maíz. Los productores dicen que con un litro de combustible se producen cuatro de etanol; los detractores afirman que requiere más energía producirlo que la energía que genera. ¿Será que aquí, donde lo primero que hacemos es bloquear caminos, vamos a producir “biocombustible: energía limpia que fluye para Bolivia”?
Quizás con el tiempo sea posible. Hay que investigar todas las posibilidades para proveer la energía que necesitamos a corto, mediano y largo plazo. Depende de las personas y su compromiso para hacer el bien y no perpetuar los patrones de corrupción e ineficiencia. Debe haber algunos hermanos que conozcan la realidad de YPFB y de las demás industrias energéticas que quieran dar un buen futuro a sus hijos, nietos y a toda la patria.
Es posible que haya otros elementos que perjudican la calidad de los combustibles en Bolivia. Hay que investigarlo todo, y con urgencia. La prioridad es mejorar la calidad, y para esto hay que identificar las causas. Luego se puede pedir cuentas a los responsables. ¿Podemos darles la oportunidad de corregir sus errores? ¿Aceptarían amnistía a cambio de conversión?
Sin embargo, vale lo que explicó Jesús: “Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos.” (Mt 7,17-18). El biocombustible limpio no saldrá de un árbol malo.
En las bodas de Caná, Jesús convirtió el agua en vino, y en el mejor vino. Creo que podemos hacer algo similar con nuestra juventud. Quizás sea posible encontrar la “energía limpia” en las venas de los jóvenes que están estudiando en las universidades. Allí está nuestro verdadero biocombustible.
Dios te bendiga.