Nuevo Paradigma

Estrategias y objetivos para ir hacia el pleno empleo

Estrategias y objetivos para ir hacia el pleno empleo
Gustavo Adolfo Aponte Zambrana | Columnista
| 2026-02-19 07:12:02

En el anterior artículo nos referimos al crecimiento económico, pero sería imposible crecer sin que busquemos también el crecimiento del pleno empleo real, no el estadísticamente cosmético de millones de informales que, por trabajar unas horas diarias, se contabilizan como empleados. ¡Vaya ironía!

Empezaremos por establecer que uno de los objetivos más importantes de una economía de mercado es ir hacia el pleno empleo, entendido este no como el empleo precario del autoempleo por la necesidad extrema y biológica de alimentarse, como es el caso de la gran mayoría de los gremiales, vendedores callejeros y otros informales, cuya estadística mentirosa y cosmética es erradamente contabilizada como empleo. Y no hablo de hacerlo en el corto o mediano plazo, ya que hablamos de millones de ciudadanos que necesitamos que obtengan un empleo formal, con aportes a las AFP/Gestora y seguro de salud público, porque sería irreal en la Bolivia actual. El MAS, pese a su discurso de “pueblo”, fue la máquina más eficiente que he visto en los últimos 50 años en mandar y expulsar gente en edad de trabajar a la calle, sí, a trabajar por su supervivencia, ya que nunca pudo siquiera elaborar una estrategia de empleo paulatina y progresiva. En su lógica de estos 20 años, generar empleo era crear empleo público, en el sector público y en empresas públicas, para su militancia, con elevados costos, ineficiencias, déficits fiscales y cuasi bancarrota. El saldo: sálvese quien pueda.

Es hora de hablar de la verdad en el área del empleo. Ya lo hemos insinuado en anteriores artículos, pero aquí lo sintetizaremos sin vueltas. No habrá empleo digno ni emprendedores si no se cambia la legislación laboral, que encarece contratar personal en muchos casos en más de un 50% adicional, lo hace engorroso, no permite pagar por horas, días, semanas o meses, ni despedir en caso de ciclos económicos negativos, y si se lo hace, se torna prohibitivo volver a contratar. La flexibilización laboral es imprescindible para generar crecimiento económico, mayor demanda agregada y estabilidad laboral en beneficio mutuo de ambas partes: el empleado y la empresa o el emprendedor.

Se requiere el alineamiento de todas las políticas: monetarias, fiscales, cambiarias, de comercio exterior y de endeudamiento, entre otras, en especial las políticas laborales, ya que deben orientarse hacia el objetivo de obtener el pleno empleo. Es lo que el ciudadano, dueño de este experimento llamado democracia, debería esperar y exigir en su relación con el Estado: que este brinde condiciones para que pueda alimentarse a sí mismo y a su familia, vivir con dignidad, progresar y ver el futuro con optimismo. De lo contrario, los economistas nos convertiríamos en médicos que nunca quieren curar y simplemente buscan mantener al paciente en estado semicomatoso, dependiente perpetuamente, como durante estos últimos 20 años y muchos otros periodos de nuestra historia económica.

Por ello planteamos la flexibilización laboral, consistente en: libre contratación y despido de personal; simplificación contractual con formatos preestablecidos; preavisos para renuncia o despido sin costos adicionales; pago por hora, día, semana o mes; pagos salariales puntuales, salvo causal de fuerza mayor demostrable; periodos de prueba antes de inscribir a seguros de salud de seis meses (mientras se puede utilizar el SUS); trabajo por objetivos cumplidos, no por horas trabajadas; teletrabajo remoto o mixto oficina-casa; intercambio de funciones según se requiera; incentivos por permanencia prolongada; capacitación permanente; incentivos fiscales para empresas que contraten personal en su primer empleo; afiliación sindical a partir de 100 trabajadores, con aportes voluntarios; dirigencia sindical que trabaje en la empresa; legislación que impida abusos sindicales; equilibrio para evitar abusos empresariales; eliminación de la imprescriptibilidad en reclamos laborales, limitándola a dos años; adecuación periódica de la legislación laboral para lograr competitividad internacional; e inclusión del uso de cobots, robots y androides en la producción industrial y agropecuaria. El objetivo de esta lista no es ser exhaustivo, sino ilustrativo.

Bolivia continúa con una Ley General del Trabajo de 1942, obsoleta, lo que exige una renovación que permita dirigirnos al pleno empleo real, reduciendo el casi 90% de informalidad actual. Como hemos visto en esta serie de Un Nuevo Paradigma para Bolivia, las políticas económicas deben ser coherentes e integrales. No es una quimera pensar en un futuro con pleno empleo, como ha ocurrido en Estados Unidos, con desempleo menor al 4% en varios periodos. Es un objetivo deseable, alcanzable y que Bolivia debería perseguir permanentemente.

Babson ’82, ex catedrático universitario

Gustavo Adolfo Aponte Zambrana | Columnista
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