Enfoque Internacional

Lo que Trump quiere de Rusia

Enfoque Internacional | Ana Palacio - Project Syndicate | 2026-02-13 08:19:00

Las recientes conversaciones entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania en Emiratos Árabes concluyeron sin avances sustanciales para poner fin a la guerra. Sin embargo, más que el resultado inmediato, lo relevante es lo que revelan sobre la visión de Donald Trump respecto a Rusia y su lugar en el sistema internacional. Para el presidente estadounidense, la política exterior parece guiada ante todo por consideraciones comerciales.

Su disposición a relegar derechos humanos o principios institucionales en favor de acuerdos económicos puede parecer realpolitik, pero en realidad responde a un enfoque transaccional. El realismo clásico considera equilibrios de poder, límites estructurales e intereses a largo plazo; el transaccionalismo, en cambio, reduce la política internacional a una suma de pactos puntuales, sin vocación institucional ni estratégica. Donde el realismo fortalece normas y alianzas, el transaccionalismo las elude o debilita.

En este marco, la Casa Blanca parecería ver el fin de la guerra en Ucrania no como un objetivo definitivo, sino como una oportunidad para rediseñar la relación con el Kremlin. El levantamiento selectivo de sanciones y restricciones tecnológicas podría convertirse en moneda de negociación, aplicándose caso por caso. Instrumentos creados para defender un orden basado en normas pasarían a ser herramientas para reconfigurar incentivos dentro de las élites rusas.

Trump parte del supuesto de que las motivaciones económicas son determinantes para todos los líderes, incluido Vladimir Putin. De ahí la idea de que acuerdos comerciales sólidos harían más costoso cualquier incumplimiento político y que una normalización parcial con Moscú debilitaría su vínculo con China. Esta estrategia, descrita como un “Nixon a la inversa”, busca atraer sectores rusos hacia infraestructuras occidentales —finanzas, tecnología, cadenas de suministro— para reducir la dependencia de Pekín.

Pero estas premisas son cuestionables. Tras años de guerra, sanciones y reconfiguración económica, el régimen ruso se ha vuelto más personalizado y menos flexible. La concentración del poder eleva los costos internos de cualquier concesión significativa. Lo que puede resultar atractivo en términos económicos podría ser políticamente inviable en un Kremlin que gestiona una sociedad golpeada por enormes pérdidas humanas.

Además, incluso si se alcanzaran acuerdos, difícilmente garantizarían estabilidad duradera. Al privilegiar liderazgos individuales sobre procesos institucionales, la política transaccional erosiona previsibilidad y legitimidad. Para Estados Unidos, esto implica renunciar al papel de garante de normas compartidas que durante décadas sostuvo su liderazgo global.

Para Europa, las implicaciones son aún más delicadas. La integración progresiva de Ucrania es un objetivo geopolítico central para la Unión Europea. Un arreglo bilateral entre Washington y Moscú que trate a Kyiv como ficha de negociación podría vaciar ese proyecto. La UE intenta adaptarse diversificando socios, como muestran sus acuerdos con India y Mercosur, pero enfrenta resistencias internas y dependencias estructurales: Estados Unidos sigue siendo su principal mercado y su proveedor clave en defensa, tecnología e inteligencia.

Mientras tanto, China avanza con una estrategia de largo plazo: consolida estándares tecnológicos propios, fortalece cadenas de suministro, expande infraestructura financiera y digital y refuerza su poder militar. En un entorno internacional fragmentado, el debilitamiento del orden liderado por Estados Unidos puede terminar favoreciendo a Pekín.

En un mundo de interdependencias profundas y asimetrías de poder, la estabilidad requiere normas vinculantes, instituciones creíbles y alianzas sostenibles. Apostar por acuerdos coyunturales puede generar victorias rápidas, pero también inaugurar una etapa de mayor volatilidad estratégica. Y en ese escenario, China parece mejor posicionada para capitalizar el vacío.