El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta la memoria, el pensamiento y el comportamiento.
Se sabe que el trastorno está asociado a la acumulación de placas de amiloide-β en el cerebro, lo que deteriora la memoria y las funciones cognitivas.
Ante este desafío, un equipo de científicos de Estados Unidos investigó nuevas formas de combatir esa acumulación.
Descubrieron que al inhibir la proteína PTP1B, se mejora la eliminación de esas placas de amiloide, lo que podría ralentizar la progresión de la enfermedad.
Este resultado se obtuvo en un modelo de ratones con Alzheimer, utilizado para investigar los efectos de la inhibición de PTP1B sobre la memoria y las funciones cerebrales.

El estudio fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos.
El equipo está liderado por el profesor Nicholas Tonks, junto a la estudiante de doctorado Yuxin Cen y el investigador posdoctoral Steven Ribeiro Alves. Pertenecen al Laboratorio Cold Spring Harbor, un centro de investigación fundado en 1890, donde se han realizado descubrimientos clave en biomedicina y formación científica.
Cómo impacta la enfermedad de Alzheimer
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 55 millones de personas viven con Alzheimer u otras formas de demencia en el mundo, y se espera que esta cifra alcance los 139 millones para el año 2050.
Los síntomas más comunes incluyen pérdida de memoria reciente, dificultad para resolver problemas o tomar decisiones y desorientación.
También pueden presentarse problemas de lenguaje, cambios en la personalidad, alteraciones en el estado de ánimo y dificultad para realizar actividades cotidianas.
Frente a estos síntomas, los tratamientos actuales buscan estabilizar la función mental y mejorar la calidad de vida.
De acuerdo con la Clínica Cleveland de los Estados Unidos hoy la enfermedad se trata con medicamentos para síntomas cognitivos, como inhibidores de la colinesterasa y memantina, que estabilizan la función mental.
Recientemente, se han aprobado terapias modificadoras de la enfermedad, como anticuerpos monoclonales que eliminan placas de amiloide-β y ralentizan la progresión en etapas tempranas.
Además, se emplean fármacos para síntomas conductuales (insomnio, agitación, depresión) y se recomienda apoyo psicológico, rehabilitación cognitiva y participación en ensayos clínicos. Estos tratamientos no curan la enfermedad, pero pueden mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Una llave para el recuerdo
La nueva investigación publicada en PNAS se centró en la interacción entre PTP1B y la proteína tirosina quinasa del bazo (SYK).
Esta última regula la función de las microglías, células inmunitarias del cerebro responsables de eliminar desechos como las placas de amiloide-β (Aβ), cuya acumulación favorece el desarrollo del Alzheimer.
“A lo largo de la enfermedad, estas células pierden eficacia”, explicó el doctor Cen. “Nuestros resultados sugieren que la inhibición de PTP1B puede recuperar la función microglial y facilitar la eliminación de placas de Aβ”.
Las imágenes obtenidas por el laboratorio de Tonks muestran que, tras eliminar PTP1B, las células inmunitarias del cerebro presentan una mayor capacidad para eliminar placas dañinas.

Sin radares, ni comunicación por radio, la microglía reactiva enfrentó el exceso de Aβ con mayor eficacia. Además de su vínculo con el Alzheimer, la obesidad y la diabetes tipo 2 se reconocen como factores de riesgo para la enfermedad y se cree que inciden en el aumento de su prevalencia global.
Estas conexiones refuerzan el interés en PTP1B, ya que es un objetivo terapéutico validado para desórdenes metabólicos. Las terapias recientemente aprobadas para el Alzheimer se centran en la eliminación de Aβ, aunque solo ofrecen beneficios clínicos modestos.
“El uso de inhibidores de PTP1B que actúan sobre múltiples aspectos de la patología, incluida la eliminación de Aβ, podría generar un impacto adicional”, señaló Ribeiro Alves.
El laboratorio de Tonks colabora actualmente con DepYmed, Inc. para desarrollar inhibidores de PTP1B en diversas aplicaciones. En el caso del Alzheimer, Tonks prevé combinar estos nuevos medicamentos con los ya aprobados.
“El objetivo es frenar el avance del Alzheimer y mejorar la calidad de vida de los pacientes”, afirmó Tonks.
Así, la identificación de PTP1B como blanco terapéutico podría ser una esperanza en el abordaje de una enfermedad que afecta a millones en todo el mundo.

Al ser consultado por Infobae, el médico neurólogo Raúl Arizaga, ex líder del grupo de investigación de la Federación Mundial de Demencias, señaló: “Este nuevo estudio es valioso porque demuestra que la microglía, una célula que defiende al cerebro, puede trabajar mejor y eliminar con más eficacia los residuos que se acumulan en el sistema nervioso”.
Sin embargo, resaltó el experto, “se debería considerar que Alzheimer es una enfermedad muy compleja. Los daños empiezan mucho antes de que aparezcan esas sustancias y, por eso, para encontrar una solución definitiva habrá que intervenir en etapas más tempranas del desarrollo de la enfermedad”.