La gran noticia de la llegada de Starlink a Bolivia, con el servicio de internet más rápido y de mayor alcance del mundo, se desinfla cuando conocemos que su tarifa más baja será de 460 bolivianos más del 45 por ciento por encima de lo que cobra en Argentina, por ejemplo, donde se paga el equivalente a menos de 250 bolivianos. No es culpa de la empresa de propiedad del famoso Elon Musk, sino del clásico estilo boliviano que no deja pasar nada si no es de la mano del “Estado tranca”, que siempre termina sacando su tajada. La idea de traer a Starlink al país era terminar con el oligopolio reinante, cuyo resultado es uno de los servicios más caros y deficientes de América Latina. Pero como no podía ser de otra manera, el gobierno ha decretado que Entel meta su cuchara en el plato y en consecuencia, seguiremos en las mismas de siempre, con un servicio prohibitivo para enormes sectores de la población, los más alejados y con menor poder adquisitivo. Hay cosas que por más que cambien los gobiernos, jamás encajan en Bolivia, ni siquiera Starlink creada justamente para derribar todas las fronteras del mundo, menos las trancas mentales.