Editorial

Nueva historia con Chile

Durante más de un siglo, Bolivia vivió prisionera de un conflicto estéril con Chile.

Editorial | | 2026-02-02 07:12:38

Durante más de un siglo, Bolivia vivió prisionera de un conflicto estéril con Chile. Un relato repetido como dogma, transmitido de generación en generación, que nos instaló en el victimismo permanente, en el lloriqueo diplomático y en la ilusión de que algún día recuperaríamos el mar únicamente por la fuerza de la narrativa. Ese discurso no nos dio desarrollo, no nos dio empleo, no nos dio integración. Solo nos dio frustración, resentimiento y una coartada perfecta para no mirar nuestros propios errores.

El conflicto marítimo se convirtió en una industria política. Sirvió para cohesionar, para desviar responsabilidades internas y para justificar fracasos estructurales. Mientras otros países de la región se integraban al comercio global, modernizaban su infraestructura y diversificaban sus economías, Bolivia seguía atrapada en una épica vacía, emocionalmente rentable pero materialmente inútil.

Paradójicamente, fue Evo Morales quien terminó de cerrar ese capítulo. Al llevar el diferendo marítimo a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, Bolivia escuchó —por fin y sin intermediarios— lo que nadie quería oír: jurídicamente no había nada pendiente que reclamar.

Menos mal que fue Evo Morales quien lo hizo. Un líder de izquierda, populista, indígena, dirigente sindical, símbolo del discurso antiimperialista. No fue un “neoliberal”, ni un “vendepatria”, ni un “capitalista sucio”, como dicta la caricatura habitual. Con La Haya se cayó la última excusa. Se desactivó el relato. Se terminó la coartada. Desde entonces, insistir en el mar como eje de la política exterior boliviana dejó de ser reivindicación y pasó a ser autoengaño.

Liberados de esa ficción, hoy Bolivia tiene la oportunidad —tal vez la primera en décadas— de construir una relación adulta con Chile. Y cuando se abandona el resentimiento, lo que aparece es evidente: Chile es el país con el que mejor podemos complementarnos económica y estratégicamente. Es nuestra puerta natural al Pacífico, un socio comercial clave, un nodo logístico de primer orden y una economía que, con todos sus problemas, ha logrado niveles de institucionalidad, apertura y competitividad que Bolivia aún no alcanza.

Chile tiene experiencia en puertos, comercio exterior, minería, energía, infraestructura y tratados internacionales. Bolivia tiene una ubicación geográfica privilegiada en el corazón de Sudamérica, recursos estratégicos y la posibilidad real de convertirse en eje de integración entre el Pacífico y el Atlántico. No se trata de admirar ni de imitar ciegamente, sino de aprender, asociarse y complementarse.

El acercamiento entre Rodrigo Paz y José Antonio Kast apunta precisamente a ese cambio de lógica. Cambiar la agenda. Pasar del pasado al futuro. Del reclamo simbólico a la cooperación concreta. Del discurso ideológico a la infraestructura, el comercio y la integración regional. Corredores bioceánicos, hidrovías, energía, puertos, inversión, logística. Eso genera empleo, crecimiento y oportunidades. No lo hacen los discursos patrióticos ni las consignas vacías.

Bolivia necesita vecinos fuertes y aliados confiables, no enemigos funcionales para la retórica interna. Relacionarse bien con Chile no es traición, no es claudicación, no es renuncia. Es madurez política. Es entender que la soberanía real no se declama: se construye con desarrollo, con integración y con resultados.