La región minera de Potosí y Oruro, allí donde estaba la famosa Salvadora de Simón I. Patiño, es ahora el centro de la producción de marihuana, como fue descubierto en junio pasado, cuando los narcos de la zona mataron a cuatro policías.
Con sorpresa, el país se enteró entonces de que las plantaciones de la yerba se hacían en carpas proporcionadas por el gobierno del MAS y contaban con una segura provisión de agua de riego, también a cargo del gobierno.
La estrategia parece muy clara y consiste en hacer que el país dependa cada vez más de la producción y venta de drogas, esta vez rivalizando con la actividad económica más antigua de Bolivia, que es la minería.
Ahora, con el gobierno de Rodrigo Paz, se habla de dar impulso a la minería tradicional, pero ocurre que la zona donde se daba esa actividad está ahora dominada por cultivadores de marihuana que cuentan con la solidaridad de ayllus combativos.
En este mes de enero, el gobierno informó que las plantaciones de marihuana se dan en Llallagua, Uncía, Lagunillas y Cala Cala, otrora bastiones de las luchas del sindicalismo minero.
De esta manera se comprueba que el narcotráfico, que el cocalero Morales impuso en el Chapare, está haciendo metástasis hacia el Oeste y ha tomado, aunque parezca inverosímil, el yermo territorio del altiplano.
La estrategia es completa y comprende también territorios del Este, donde las huestes armadas del cocalero han avasallado 300 predios agrícolas en Guarayos y Chiquitos, que ahora el gobierno se propone recuperar para sus verdaderos propietarios.
Si en el altiplano existen ayllus decididos a defender a los productores de marihuana, en Santa Cruz hay grupos armados que ahora, en este mes, han emboscado a la policía y han dado batalla, a tal punto que el gobierno ordenó el despliegue de 200 soldados del ejército.
La estrategia hacia Santa Cruz es más compleja, porque incluye un novedoso sistema de transporte de la droga hacia Brasil.
Se acaba de descubrir que cargamentos de urea con destino al mercado brasileño llevan un “valor agregado” de cocaína.
El gobierno del MAS instaló la planta de urea en el Chapare por un motivo especial: el producto iba a ser exportado a Brasil y Argentina, y eso facilitaría la salida de la droga camuflada.
O el negocio del ripio del Chapare, que es monopolio en Santa Cruz. Aunque está a más de 300 kilómetros de distancia, su precio para los constructores cruceños es inferior al que pagan por el ripio del Piraí, porque viene con “valor agregado”.
Estos son estrategas serios. No dan puntada sin hilo.
Siglo21bolivia.com