Dios te bendiga

El fascismo de Trump

El fascismo de Trump
Mons. Roberto Flock | Columnista
| 2026-01-30 00:02:00

Por sus frutos los reconocerán. (Mt 7,16)

No me gusta contradecir a un colega, como es el caso de Fray Javier Gómez Graterol, religioso y periodista venezolano, pero no puedo aceptar lo que publicó recientemente, el 26 de enero, en su artículo “Lo que nos viene, si todo sigue como va”, al sostener que “el presidente actual de Estados Unidos es provida, profamilia”.

Su análisis sobre “el hartazgo que se siente frente a la imposición de la ideología woke” es una acertada explicación de “una vuelta pendular hacia la derecha”, pero es importante reconocer a Trump por lo que es: un fascista, un bully autoritario. No tiene convicciones ni compromisos provida ni profamilia.

La izquierda, en nombre de los derechos humanos, ha defendido la agenda LGBTQ+, provocando que una parte de la población estadounidense sienta asco frente a las imposiciones y excesos de la ideología de género, que niega la relación entre biología e identidad sexual. Al mismo tiempo, aunque ha pasado casi un cuarto de siglo desde los ataques del 11 de septiembre de 2001 (9/11), ha quedado una paranoia frente a la migración islámica y, con ella, frente a toda migración. Finalmente, Estados Unidos nunca ha superado su propio pasado de racismo y discriminación contra negros, hispanos, judíos y católicos. De una u otra manera, estos grupos se sienten discriminados. Trump ha sabido exagerar y canalizar estos y otros resentimientos. Su metodología es la misma de las dictaduras de derecha e izquierda de todos los tiempos y lugares.

Trump es provida solo en la medida en que calcula que le convenga para lograr el poder político. La Iglesia católica en Estados Unidos, junto con gran parte de las iglesias evangélicas y protestantes, ha luchado ferozmente durante más de 50 años por el cambio de la decisión de la Corte Suprema que legalizó el aborto provocado. Esta situación, sumada al “hartazgo woke”, los convirtió en presa fácil en las elecciones para entregar el poder político a Trump. Actualmente, están empezando a abrir los ojos. Ojalá no sea demasiado tarde, pues en la práctica Trump es solamente pro Trump.

Por eso anda obsesionado con temas como el Premio Nobel de la Paz, mientras no duda en avanzar su propia agenda mediante la violencia, denigrando a todos los demás. Hasta ahora, ha matado por lo menos a 117 personas en el Caribe con el poderío de las fuerzas navales de Estados Unidos, con la simple acusación de que son traficantes de droga. No ha presentado evidencia alguna para sostener sus acusaciones. Sin el Estado de derecho, no es provida ni profamilia. Al enviar las fuerzas que capturaron a Nicolás Maduro y a su esposa, mató a 60 personas de su cuerpo de defensa. Naturalmente, no lloramos por ellos, especialmente por los cubanos, ya que, en el caso de Maduro, es otro fascista. Pero lo que más hubiéramos querido ver no ha sucedido: la restauración de la democracia en Venezuela. A Trump no le interesa la vida de los venezolanos. Ha dejado en el poder a un gobierno represivo e ilegítimo, reclamando el petróleo.

El testimonio reciente sobre la insurrección del 6 de enero de 2021 demuestra que Trump conspiró contra su juramento de defender la Constitución de Estados Unidos, animando a la turba armada que mató a cinco personas ese día, gente a la que luego otorgó el perdón presidencial. Actualmente, Trump y sus portavoces mienten sobre las acciones de ICE, que han asesinado a inocentes. Bajo el pretexto de deportar a inmigrantes indocumentados, los estigmatiza como criminales violentos, mientras ha convertido a los agentes de la policía federal en una especie de Gestapo estilo nazi para someter a los estados y ciudades donde dominan políticamente los demócratas. Matan a quien sea, como Alex Pretti y Renee Nicole Good (y otros seis en Minnesota), y luego reclaman inmunidad e impunidad total para sus agentes de la muerte. No hay nada provida ni profamilia en todo esto.

Estados Unidos últimamente ha sido como un chofer con un auto en una carretera llena de curvas, queriendo pasar a un grupo de motociclistas que van de dos en dos. Al presentarse una oportunidad, se metió demasiado a la izquierda, saliendo un poco de la carretera; luego, exagerando al volver, perdió el control hasta accidentarse a la derecha, estrellándose contra un árbol, como este adolescente que se mató junto con gran parte de su familia hace poco en Puerto Quijarro. La tragedia solo siembra luto y dolor. Nos quedamos enterrando a los muertos hasta aprender a conducir con mayor prudencia, respetando ambos lados de la carretera.

Recomiendo la lectura de “Fascismo: una advertencia” (2018), de Madeleine Albright, exsecretaria de Estado de Estados Unidos, refugiada de Checoslovaquia en su niñez, con toda una vida luchando contra sus diversas manifestaciones.

Hay una antiquísima advertencia bíblica, en forma de alegoría, en el libro de los Jueces 9,8-15:

“Los árboles se pusieron en camino para ungir a un rey que los gobernara. Entonces dijeron al olivo: ‘Sé tú nuestro rey’. Pero el olivo les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi aceite, con el que se honra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?’

Los árboles dijeron a la higuera: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’.

Pero la higuera les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?’

Los árboles le dijeron a la vid: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’.

Pero la vid les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi mosto, que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?’

Entonces, todos los árboles dijeron a la zarza: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’.

Pero la zarza respondió a los árboles: ‘Si de veras quieren ungirme para que reine sobre ustedes, vengan a cobijarse bajo mi sombra; de lo contrario, saldrá fuego de la zarza y consumirá los cedros del Líbano’”.

En la historia de la humanidad ha habido más zarzas como reyes y dictadores que olivos, higueras y vides. Por eso se inventó la democracia. Irónicamente, Jesús se atrevió a decir (por ser realmente Dios hecho hombre): “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8,12), pero no quiso ser rey cuando tuvo la oportunidad (ver Juan 6,15: “Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña”). Él no duda en decirnos a nosotros, sus discípulos, que también somos la luz del mundo y la sal de la tierra (Mateo 5,13-14). Basta con que seamos realmente sus discípulos.

“Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos” (Mt 5,10). Parece que somos reyes también.

Dios te bendiga.

Mons. Roberto Flock | Columnista