Los potosinos, esos que saben historia, deben estar asombrados por la propuesta de Rodrigo Paz de convertir a Potosí en una potencia minera. No por audaz, sino porque ignora un dato básico: Potosí ya fue una potencia, y de las mayores del mundo. El Cerro Rico sostuvo economías globales y convirtió a esta ciudad en sinónimo de riqueza real, no de promesa. El quiebre no vino con el agotamiento inmediato de los minerales, sino con la independencia y la creación de un Estado centralista que absorbió la renta, vació a las regiones y rompió el vínculo entre producción y desarrollo local. Desde entonces, Potosí produce, pero otros deciden; Potosí aporta, pero otros administran. El problema nunca fue la minería, sino el sistema político que la gestiona. Seguimos usando una idea vieja de riqueza: creer que tener recursos basta. Hoy es rico quien forma gente, quien deja trabajar, invertir y crear sin asfixia estatal. Sin cambiar ese modelo, no habrá potencia minera que salve a Potosí.