La historia de Bolivia tiene un sentido del humor macabro. Tras años de denunciar el despilfarro y el autoritarismo del Movimiento al Socialismo (MAS), el gobierno de Rodrigo Paz Pereira ha terminado firmando el acta de defunción de su propia ambición que el mismo denominó “Capitalismo para todos”. El Decreto Supremo 5516, promulgado este 13 de enero de 2026, no es una evolución técnica del DS 5503; es su castración política y su desmantelamiento económico.
Bajo la "corrección de estilo" de la Central Obrera Boliviana (COB), el Ejecutivo ha entregado el volante de la economía a la misma entidad que cogobernó durante el hundimiento de las reservas y la destrucción de la seguridad jurídica en el país.
El escenario es, cuanto menos, irónico. La COB, la misma organización que durante dos décadas avaló el asalto a las arcas públicas y protegió el "Estado Tranca", hoy aparece como el "garante" de la paz social. Su método ha sido el de siempre: el chantaje del asfalto. Ante la amenaza de retomar los bloqueos de carreteras, el Gobierno de Paz ha optado por un capitalismo descafeinado, donde se mantiene el trago amargo del gasolinazo (Diésel a 9,80 Bs/Lt y gasolina a 6,96 Bs/Lt) pero se endulza con una red de bonos que huelen a un populismo 2.0.
La influencia de la COB en el fondo y la forma del DS 5516 es total. El mantenimiento del incremento del 20% al Salario Mínimo Nacional es la prueba irrefutable de que la racionalidad económica ha sido sacrificada en el altar del sindicalismo. Obligar a un sector privado asfixiado a pagar 3.300 bolivianos de mínimo, mientras se suben los costos logísticos por el combustible, es una receta para la informalidad, no para la inversión. No estamos ante un mercado que se abre, sino ante un Estado que intenta comprar tiempo con el dinero que aún no tiene.
Incluso el Programa Extraordinario de Protección y Equidad (PEPE) y los aumentos a la Renta Dignidad y el Bono Juancito Pinto revelan la claudicación del espíritu reformista. Al permitir que la COB dictara los términos de estos beneficios, el Gobierno ha validado la lógica asistencialista del pasado. En lugar de utilizar el ahorro de los subsidios para infraestructura o reducción de deuda, el dinero se irá en transferencias directas gestionadas por la Gestora Pública, la nueva caja de resonancia del poder estatal.
Finalmente, el contexto internacional no perdona las incoherencias. Mientras Marco Rubio y delegaciones de EE. UU. aplaudían la valentía de las reformas iniciales, el DS 5516 envía un mensaje de debilidad. Ningún inversor tecnológico serio pondrá sus ojos en El Alto si sabe que el marco legal de sus inversiones puede ser "corregido" en una mesa técnica con dirigentes sindicales que no creen en la propiedad privada. Bolivia ha pasado de un shock de confianza a un pacto de caballeros con los responsables de su ruina. Si el 5503 era la esperanza, el 5516 es el recordatorio de que, en Bolivia, la COB sigue teniendo la llave de una celda que ella misma ayudó a construir.
La claudicación de Rodrigo Paz ante la Central Obrera Boliviana: ¿reforma económica o pacto de supervivencia con los artífices de la crisis?