Bajo el penoco

La peor y la mejor de Venezuela

| 2026-01-10 08:28:02

El caso de Delcy Rodríguez en Venezuela no es una anomalía histórica, sino un patrón conocido en transiciones forzadas. Cuando un régimen colapsa, las potencias y las élites no suelen apostar por el mejor, sino por el más funcional. La Unión Soviética es un ejemplo brutal: para desmontar la tiranía comunista no eligieron a un demócrata ejemplar, sino a Boris Yeltsin, un dirigente errático, corrupto y alcohólico, pero dispuesto a dinamitar el sistema desde dentro y evitar una guerra civil o una restauración dura del aparato soviético. España siguió una lógica similar. Tras Franco, el propio régimen impulsó una transición encabezada por figuras impresentables, pero capaces de contener al Partido Comunista y evitar que el país cayera en una ruptura violenta en plena Guerra Fría. Fue una transición sucia, pactada y profundamente pragmática. Chile repitió el esquema: Pinochet no fue el ideal democrático, pero su salida negociada permitió una transición sin conflicto armado y con continuidad institucional. Delcy Rodríguez encaja en esa tradición: no es la solución moral ni definitiva, sino la pieza incómoda que compra tiempo, evita el caos y permite reordenar el poder antes de una transición real.