Tribuna

Desarrollemos libertad, creatividad y pragmatismo

Desarrollemos libertad, creatividad y pragmatismo
Ciro Añez Nuñez | Columnista
| 2026-01-05 00:10:00

Ante los debates sobre la carencia o no de dólares, sobre una devaluación camuflada; discusiones concernientes a que, en países donde existe mayor importación (y menor producción nacional), las mafias del contrabando aumentan y pasan a ser parte actuante de una aparente baja inflación, pero con mayores niveles de criminalidad e inseguridad ciudadana; todo esto y más conlleva a que, ante situaciones de crisis, la gente viva más ansiosa y, por consecuencia, sea presa fácil de ser embaucada ante la proliferación de timadores dispuestos a embolicar a cuanto ambicioso ingenuo puedan.

Todo ser humano no debe limitarse a falsas creencias, como aquel entendimiento de que uno es lo que hace (profesión, ocupación, etc.), pues toda persona es más que eso: es un ser humano integral. Del mismo modo, todo conocimiento también es interdisciplinario.

Es así que, por ejemplo, en el ámbito del Derecho, también existe el aspecto jurídico, económico y psicológico de las finanzas.

Muchas veces, todos, para obtener la dicha de una prosperidad económica honesta, desean recetas “mágicas” sin trabajo (como si por un simple chasquido fuera posible conseguirlo todo sin esfuerzo alguno). Eso, obviamente, no existe. Es cuestión de una mentalidad amplia y objetiva. No se consigue tal prosperidad estando sentados en un sillón, distrayéndose navegando por internet o saliendo de casa solo a entretenerse para aparentar u ocuparse sin ser verdaderamente productivos de manera integral.

El aspecto económico con ética se centra especialmente en valorar lo más oneroso que existe en el mercado: el tiempo (nuestro tiempo). Por ende, se apuesta por el trabajo íntegro, intenso, persistente e inteligente, acorde a la edad; por el análisis y la adecuada interpretación de la realidad para la toma de buenas decisiones; por el sacrificio reflejado en el dominio propio (es decir, no ser impulsivos, codiciosos, vanidosos, indisciplinados, desordenados, incumplidores de compromisos o promesas, mentirosos, manipuladores, desleales, estafadores, buscando siempre hacer una mala copia del otro para hacerle competencia, etc.); por el ahorro (no el despilfarro), la inversión y el pragmatismo eficiente. Es decir, sin aferrarse, distraerse ni perder el tiempo en algo carente de sentido común (sean estos: cosas, dogmas, ideologías impuestas o de moda, fanatismos, teorías oscilantes, politiquerías, etc.), ni empeñarse en algo de forma caprichosa y emocional. Todo lo verdaderamente mejor se consigue con paciencia activa, a su debido tiempo.

Lo contrario —lo espuriamente rápido o acelerado, cuyo final es siempre el sufrimiento generalizado y la opresión— es la corrupción, cuya semilla es la mentira; es decir, enriquecerse mediante el engaño, vivir de la mentira y la corrupción de forma desvergonzada, creyendo que se es productivo simplemente por el dinero que se obtiene sin importar su procedencia, ya sea mediante sobornos, manipulación, falsedad, abuso de poder, farsas y amarres corruptos.

Para que exista este proceso económico ético es menester desarrollar e incentivar: libertad, creatividad y pragmatismo.

Libertad implica “ser y dejar ser” con respeto y responsabilidad, sin ser obscenos ni entrometerse abusivamente en la vida privada financiera del otro, ni privarlo del uso de lo que es suyo (ej.: confiscaciones, corralitos financieros, etc.). Al hablar de libertad también nos referimos a ejercer la libertad de elegir: decidir cómo se quiere vivir, qué hacer y cómo disponer o gastar los propios recursos económicos (propiedad privada). Elegir aquello que más reconforta, conforme a la etapa del ciclo de vida, mediante el trabajo presente para tener verdadera riqueza en el mañana, y no trabajar duro solo para aparentar tenerla, viviendo de crisis en crisis hasta la muerte.

La creatividad, por su parte, es la que insufla vida y esperanza para encontrar una idea mejor, útil y más provechosa. Y en el pragmatismo ético encontramos implícito el conocerse a uno mismo para obtener dominio propio y aplicar de forma eficiente esa mejor idea, fruto de la creatividad, ejerciendo la venturosa libertad de elegir sin necesidad de aceptar cualquier cosa.

Está claro que existe una pandemia interminable: la alta desconfianza en la administración pública y en la clase política. Por ende, las personas deben valorar más su tiempo y evitar ser manipuladas. Para ello es necesario estudiar, investigar, examinar todo y retener lo bueno; contratar asesores eficientes y éticos; depurar y desechar la polución informativa existente; valorar la pertenencia y saber elegir de forma consecuente en el cuidado de la vida, la salud, la libertad y el patrimonio, sin censuras arbitrarias. No elegir a los despiadados que juegan con la vida de las personas, a quienes no les interesa la salud ajena y desean imponer mentiras, penalizándolo todo en base al abuso de poder y el sometimiento, privando vidas, libertades y propiedad privada.

Con todo ello, enseñemos a nuestros hijos y a las futuras generaciones —no solo con el ejemplo, sino involucrándolos activamente— a detestar la corrupción, el engaño, la mentira y la proliferación de conflictos para conseguir las cosas por la fuerza. Rompamos esa cadena absurda de repetir sin pensar, estimulando el pensamiento crítico, reflexivo y analítico. Promovamos en ellos el cultivar, desarrollar y defender la libertad, la creatividad y el pragmatismo con integridad e integralidad, libres de las ataduras del miedo, sin recelo a vivir, sin pavor a morir ni a estar solos.

Ciro Añez Nuñez | Columnista