Donald Trump ha tomado el control del tablero venezolano y su primera decisión desconcierta a muchos: mantener al chavismo en el poder a través de Delcy Rodríguez. La pregunta surge sola: ¿por qué no María Corina Machado? La respuesta es más cruda que ideológica: el que rompe paga, el que daña, arregla. Trump entiende el poder real. Hoy las armas, la logística, los ministerios y los resortes del Estado siguen en manos del chavismo. En una transición dura no se negocia con quien tiene la razón moral, sino con quien puede apagar el incendio. Delcy Rodríguez no es simpatía: es utilidad inmediata, continuidad administrativa y control del poder duro. La intervención estadounidense ha sido bien recibida por los venezolanos y por buena parte de la comunidad internacional. Si Trump vuelve a golpear al chavismo, habrá aplausos, cosa muy distinta si es que se hace lo mismo con María Corina o González Urrutia, líderes muy respetables pero que no están libres de cometer errores o caer en tentaciones. La transición exigirá mano dura, pero sobre todo mano hábil. Y en eso, Trump ya ha demostrado una destreza incómoda, pero efectiva.