Para acabar con la herencia de las dos décadas infames del MAS, el gobierno de Rodrigo Paz Pereira no tiene margen para el error en el área económica.
En cuanto a la política, debe domar o convertir en picadillo el caballo de Troya que, por algún error, eligió como vice, además de poner en su lugar al partido que salió tercero y su jefe cree que fue primero.
En lo económico, el regocijo con que fue recibida la derrota del masismo por la comunidad democrática de naciones, y por los organismos de crédito, le impide al gobierno sacar los pies del plato.
El FMI, el Banco Mundial, el BID, la CAF e incluso la Unión Europea, además del gobierno de Estados Unidos, quieren que a Bolivia le vaya bien en la tarea de reconstruir su economía.
En estos primeros días se advierte cierto grado de timidez en las decisiones de política económica, lo que confirma que el gobierno siente en la nuca la respiración de los organismos internacionales.
La tarea es proporcional al desastre dejado por el MAS porque consiste, como ha dicho el presidente, en resucitar al país, asesinado durante las dos décadas infames.
Hay un viceministro de coordinación con el parlamento que deberá ocuparse ahora, como tarea de suma urgencia, de hacer aprobar una ley de hidrocarburos que sustituya a la que dejó la dictadura.
Esa tarea es urgente y de vida o muerte porque debe abrir las puertas del país para la llegada de inversiones extranjeras en el sector más sensible de la economía, ahora que se debe importar gasolina, diésel y pronto gas natural.
Hace veinte años, antes de que llegara el MAS al gobierno, el país se preparaba para exportar gas natural a Estados Unidos y México, pero ahora debe importarlo para el consumo interno.
Una de las más lamentables herencias del MAS son los gasoductos, que sirvieron para exportar gas a Argentina y Brasil, pero ahora está alquilados a esos dos países para pasar el gas de Vaca muerta a San Pablo.
Se supone que esos dos vecinos pagan una especie de peaje por el uso de los ductos, pero incluso esa vergonzosa posibilidad está ahora en riesgo debido a que Paraguay ofrece su territorio para un ducto que haga el trayecto directamente, sin pasar por Bolivia.
Lo que sí funciona en el país es el narcotráfico, que ahora, con la llegada de la DEA, deberá ser combatido como se debe, usando glifosato para acabar con los cocales ilegales, comenzando por los de Chapare.
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