Tribuna

Falsas promesas, falsas apariencias y falsas ilusiones

Falsas promesas, falsas apariencias y falsas ilusiones
Jhonny Vargas - Politólogo | Politólogo
| 2025-11-15 08:25:06

Bolivia no puede permitirse que las falsas promesas, las apariencias calculadas y las ilusiones fabricadas se impongan sobre la dignidad democrática. El respeto y la aplicación efectiva de la ley deben ser la prioridad. Sin embargo, el caudillo de las seis federaciones del Chapare continúa en libertad, la crisis económica persiste y la estructura del Estado Plurinacional permanece intacta. La adulación, los intereses particulares y la cultura de servidumbre siguen dominando, y aunque existe un nuevo gobierno, el poder real continúa operando desde las sombras. El MAS entregó el gobierno, pero no el poder. Se inaugura la era del “Larismo”, una versión suavizada del masismo que, sin embargo, permanece incrustada en la administración del presidente Rodrigo Paz a través de diversos actores políticos que lo rodean.

La apariencia de un gobierno inclinado a la derecha es insostenible: sus decisiones revelan que nunca se ha apartado de la izquierda. Bajo esta máscara, el orden no se recupera; el caos permanece, y de él emergen corruptores y pequeños tiranos. Este gobierno, si no corrige el rumbo, corre el riesgo de ser breve y terminar atrapado por la ambición de figuras sin escrúpulos, como el capitán Lara, que aguarda el momento oportuno para asaltar una democracia ya frágil. El inicio del mandato fue un mal presagio: promesas electorales incumplidas, señales equivocadas y gestos de poder impropio como el uso de la gorra policial durante la posesión presidencial, acto que simboliza la influencia desmedida y la erosión institucional. En política, los detalles revelan el fondo.

Sin una administración pública competente, ni los mejores técnicos ni las mejores leyes pueden salvar a Bolivia de su decadencia. “Cambiar para que nada cambie” parece perfilarse como la herencia del nuevo gobierno. El poder narco-policial se ha consolidado, con Lara como garante de la continuidad del régimen. La Asamblea Legislativa, con un 70% vinculado al PDC pero funcional al masismo y al socialismo del siglo XXI, tampoco ofrece contrapeso. La elección del nuevo ministro Freddy Alejandro Vidovich —antiguo abogado de Lara— augura que la impunidad persistirá en el Chapare, salvo un giro estratégico inesperado. La promesa de eliminar el Ministerio Público —al que muchos calificaban como “Santa Inquisición”— tampoco se cumplió.

El presidente Rodrigo Paz ha mostrado poca voluntad para honrar sus compromisos. La única promesa efectivamente cumplida ha sido la provisión de carburantes, aunque sabemos que el gobierno saliente dejó recursos para apenas dos semanas de pagos. ¿Qué ocurrirá después? La economía no se estabiliza de un día para otro: el comercio sigue asfixiado, la agricultura abandonada, la micro y pequeña empresa devastada. Los jóvenes universitarios permanecen desempleados y el país entero parece obligado al silencio, mientras los grandes medios se alinean dócilmente, buscando pauta publicitaria. La frustración social no tardará en aflorar. Bolivia votó entre el desorden electoral y la seducción de promesas inviables.

El país exige reformas institucionales profundas, incluida la reducción del aparato estatal, que durante el MAS alcanzó 17 ministerios. Se prometió reducirlos a 12; tampoco se cumplió. La burocracia parasitaria continúa, al igual que la corrupción incrustada. Rodrigo Paz parece no escuchar ni ver al país real. Su criterio de gobernabilidad se sostiene sobre la repartición de cuotas entre grupos samuelistas, laristas, ridriguistas, exmiristas y un pequeño número de técnicos valiosos en áreas como Desarrollo Productivo, Turismo, Culturas, Educación y Salud, que constituyen lo más rescatable del gabinete.

Bolivia demanda austeridad y eficiencia, pero el gobierno parece inclinarse nuevamente hacia el gasto excesivo e ineficiente. Así como David Choquehuanca llenó la Cancillería de allegados, ahora se teme que Rodrigo Paz convierta el Palacio Quemado en una extensión de Tarija. El poder no cambia: solo cambia de manos. Y en una narco-dictadura sostenida en pactos y acuerdos, el quiebre inevitable de esos pactos exhibirá el verdadero rostro del régimen. Las falsas apariencias han funcionado: una población esperanzada terminará, tarde o temprano, intoxicada por la decepción. La escasez, la incertidumbre y la ignorancia vuelven a imponerse en Bolivia.

Jhonny Vargas - Politólogo | Politólogo
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